sábado, 22 de abril de 2017

Por trece razones. Mucho más que un suicidio.


El pasado mes de marzo llegaba a Netflix Por trece razones, una serie de la que se habla mucho últimamente y que ha generado una gran controversia por varios motivos. Protagonizada por Dylan Minnettee y Katherine Langford, su argumento parece sencillo: un joven adolescente recibe una caja misteriosa en la que se encuentran 13 cintas grabadas por una compañera del instituto que ha decidido suicidarse y dejar grabados los motivos que le han llevado a quitarse la vida. El gran enigma que esconden cada una de esas cintas es lo que la convierte en una ficción repleta de intriga y misterio, su principal baza para mantener enganchado al espectador episodio tras episodio.

No obstante, las razones que han llevado a Hannah hasta esa situación no son el único motivo que convierten a la serie en una ficción adictiva, compartir con Clay la experiencia de dicho descubrimiento y conocer junto a él su cinta, es decir, la historia por la que Hannah le ha incluido en esas grabaciones, se convierte en el mayor reclamo, incluso superando la explicación del suicidio de la joven, que se puede ir intuyendo en el transcurso de las audiciones. Asimismo, existe cierta originalidad en el modo de tratar los hechos, en la forma en la que nos van desgranando poco a poco todo lo que sucedió, más que en el tema en sí. 



Las imágenes explícitas de Hannah quitándose la vida han provocado quejas de numerosas asociaciones, que alertan de la dureza de dichas escenas e incluso han solicitado la retirada de la ficción, alegando que podrían incitar al suicidio. Sin embargo, si los guionistas y responsables de la serie hubiesen optado por omitir esas imágenes, los espectadores nos habríamos sentido totalmente decepcionados y engañados. Queramos o no, el suicidio es la base que fundamenta Por trece razones, el motivo que les ha llevado a crear esta ficción y, en el fondo, denunciar la difícil situación por la que pasan muchos adolescentes, al igual que la propia protagonista.

Lejos de querer animar a que alguien se quite la vida, el objetivo de la serie es completamente el contrario y pretenden evitar que algo así se produzca en la vida real. Porque, aunque no debemos olvidar que se trata de ficción, desgraciadamente el abuso escolar está a la orden del día y son muchos los jóvenes que lo sufren y que no reciben ningún tipo de ayuda por parte de compañeros, profesores o su propia familia. De este modo, a través de 'Por trece razones' simplemente pretender alertar de una realidad y de la necesidad de fomentar entre los más jóvenes el respeto mutuo y el compañerismo.


Respecto a las actuaciones, es de agradecer ver a un elenco joven repleto de caras poco conocidas defender sus respectivos papeles de forma tan creíble, lo que ayuda a que la historia gane verisimilitud y los personajes resulten mucho más cercanos. No obstante, el mayor peso dramático recae sobre Kate Walsh (Anatomía de Grey, Sin cita previa), que interpreta a la madre coraje de Hannah, esa que lucha para intentar comprender por qué su hija quiso apartarse del mundo.

Por todos estos motivos, no es de extrañar el enorme éxito y el impacto causado por la serie, que ha logrado que miles de personas asistan atentas a las historias de Hannah y al recorrido que hace Clay hasta llegar a su cinta y descubrir las razones de su amiga para quitarse la vida. Además, se trata de una serie necesaria y de visionado obligado, a pesar de la dureza con la que se trata el tema, necesitamos vivir esa realidad sin edulcorantes. Todavía es una incógnita si habrá una segunda tanda de episodios, aunque material para ello tendrían de sobra, puesto que son muchas las historias que quedaron abiertas a una posible continuación. Solo nos queda esperar para saber si tendremos más raciones de Por trece razones.

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