martes, 7 de febrero de 2017

Moonlight. Aprendiendo a ser tú mismo.


Título original:
Moonlight
Año:
2016
Fecha de estreno:
10 de febrero de 2017 
Duración:
111 min
País:
Estados Unidos
Director:
Barry Jenkins
Reparto:
Trevante Rhodes, André Holland, Janelle Monáe, Ashton Sanders, Alex Hibbert, Jharrel Jerome, Naomie Harris, Mahershala Ali, Shariff Earp, Duan Sanderson
Distribuidora:
Diamond Films


Si bien La la land es la gran favorita de cara a la 89º edición de los Oscars, Moonlight ha ido cogiendo fuerza como la “alternativa”, la opción B para romper quinielas. Pero lejos de resignarla a tan poco agraciado papel secundario, y por mucho que los prejuicios puedan llevarte a pensar siquiera un instante que se trata de un drama más sobre negros en barrios chungos, la película de Barry Jenkins es una formidable película merecedora de tanta atención y reconocimiento.



Recordando al cacareado Boyhood de Linklater en su más pura esencia, en Moonlight seguimos la vida del joven Chiron, chaval de 10 años que vive en el conflictivo barrio de Liberty City en Miami, en tres etapas: infancia, adolescencia y madurez; interpretado en cada una de ellas, en contraposición a la película del director tejano, por tres actores distintos. Alex Hibbert (debutando en esta película) como Little (el apodo de pequeño de Chiron), Ashton Sanders como el Chiron adolescente y Trevante Rhodes como Black (el sobrenombre de Chiron en su etapa adulta). Los tres actores recogen la vida del mismo personaje durante 16 años, dividida en estas tres etapas y haciendo gala el director de un ejemplar uso de las elipsis para no detener la película más de lo necesario, lo primero que sorprende es que estos tres actores, que no coincidieron nunca en el rodaje, hayan conseguido ese grado de sinfonía, aportando la misma mirada triste al personaje y haciendo parecer que realmente haya crecido y no que estemos viendo a tres personas distintas. Desde luego también ayuda que Barry Jenkins haya rodado Moonlight con especial sensibilidad y mimo hacia el personaje central, sobre el que gira todo.


Los secundarios están solamente para complementar al personaje principal, lo que hace que no estén tan definidos como éste. Esto no quita que, aunque menos profundos, tengan carisma, como Janelle Monáe haciendo de Teresa, la madre "adoptiva" de Chiron o André Holland en el personaje de Kevin de mayor. Pero es justamente Mahershala Ali en los pocos minutos que está en pantalla, quien coge el personaje de Juan y te marca tanto como a Chiron, lo que hace que, como espectador, sientas la misma admiración que el joven protagonista siente por este antihéroe, una buena persona atrapada en una vida que le ha llevado a ser narcotraficante. Maravilloso trabajo del actor y de Jenkins en el guión. Ojalá el personaje de Naomie Harris, la madre de Chiron, hubiera tenido esa misma fuerza, ya que la actriz es la única que repite en los tres segmentos. Por suerte, la actuación de Harris, para mi gusto mejor que Viola Davis en Fences (ambas nominadas en la misma categoría) saca un personaje emotivo a la par que palpable, cuando el riesgo de caer en el cliclé fácil era muy grande. Supongo que aquí la mano de Jenkins en la dirección y el guión habrá ayudado bastante, ya que en su infancia, la madre del director también sufrió adicción a las drogas como el personaje de Harris. De hecho, Moonlight, basada en la obra de teatro autobiográfica de Tarell Alvin McCraney, “In Moonlight Black Boys Look Blue”, debe tocar de manera especial al director, ya que tanto él como McCraney crecieron en Liberty City, barrio donde crece el protagonista de la película. Y esa implicación emocional se siente y logra trasladarla al celuloide, un cariño y dedicación que consigue atraparnos durante dos horas sin soltarnos, sorteando tópicos con pasmosa habilidad de gran narrador, creando poesía sobre el ser humano, un relato universal donde el espectador puede ahondar y bucear en los detalles que se esconden bajo Moonlight.

Y es que la película no trata tanto de un romance homosexual en un barrio chungo de Miami como sí nos habla de la búsqueda de la propia identidad y de encontrar y asumir la fuerza necesaria para ser uno mismo en un mundo que constantemente te está obligando a ser y aparentar ser quien no eres. Little, Chiron y Black. Un personaje con tres nombres, tres máscaras que le ayudan a esconderse del mundo, a refugiarse en su interior, por el miedo a exteriorizar sus sentimientos. Esos complejos emocionales que arrastra el personaje, que le hacen ver en Juan y posteriormente en Kevin, un modelo y un apoyo, esa figura masculina y paternal que no ha tenido dentro de su familia.



Tras crearse un nombre en el panorama independiente estadounidense con Medicine for melancholy en 2008, Barry Jenkins consigue con Moonlight traspasar fronteras y darse a conocer en todo el mundo, con un trabajo sencillo, cuidado al milímetro, alejando a sus personajes del retrato fácil y dándoles humanidad, rezumando ese encanto de un trabajo tan sentido. Un director al que no es difícil augurarle más prometedores proyectos en el futuro.

8/10

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