viernes, 20 de enero de 2017

Toni Erdmann. Sobre legados y lazos rotos


Título original:
Toni Erdmann
Año:
2016
Fecha de estreno:
20 de Enero de 2017  
Duración:
162 min
País:
Alemania
Director:
Maren Ade
Reparto:
Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Hadewych Minis,Vlad Ivanov, Ingrid Bisu, John Keogh
 Distribuidora:
Golem


La ganadora espiritual del último Festival de Cannes (porque de la ganadora real pocos se acuerdan o quieren acordarse) llega a la cartelera y nos invita a sumarnos al coro que mundialmente la está reconociendo como una de las más grandes cintas del año pasado. Gustoso estoy de unirme al clamor general y comulgar con dichas opiniones, pues no hay más opción que rendirse al talento de Maren Ade y de sus dos (¿o tres?) personajes principales, responsables de entregarnos una de las piezas audivisuales más brillantes y emocionantes que he tenido el placer de ver en los últimos años.

Los primeros compases de Toni Erdmann son oro y por eso he decido no analizarlo en detalle aquí, resguardando al futuro espectador para que la película lo sorprende; la presentación del personaje de Winfried y de su “alter-ego” que título a la cinta podría estar en una lista de las mejores piezas de comedia del siglo. Y también entre los mejores arranques de un film. Pero Ade no se conforma con eso y sigue dando información valiosa en el subtexto para que nosotros la utilicemos cuando convenga: el alumno de Winfried (presumiblemente el único) le avisa que ya no seguirá con las clases de piano (“no tengo diempo”, dice aludiendo a una frase que será mucho más importante luego). En dos escenas y apenas unos pocos minutos, la dirección y el guión nos han pintado un fresco incomparable del personaje de Winfried, de su particular visión del mundo y de sus problemas para conectar con las personas que viven de otra manera. ¿Hace falta más? Hay más. Es el cumpleaños de la hija de Winfried, Inés, y ésta los visita desde Rumania, un lejano país pero aún más lejano universo de los negocios empresariales, todo un orgullo para su madre (separada de Winfried y vuelta a casar) y para su padre, aunque poco entienda sobre aquello que have tan bien su hija. En la reunión de bienvenida, nuestro protagonista queda relegado: su hija no parece entenderlo bien, su exesposa se avergüenza y sus bromas no son bien recibidas. Aquí el lenguaje visual de la cinta da para un análisis fotograma a fotograma. Y es que nuestro protagonista es un viejito risueño e infantil que ha vivido demasiado tiempo aislado en su mundo de gustos sencillos y de humor tontuelo, dejando caminar al otro hasta el punto que ha perdido casi todo lazo con él y por lo tanto con su familia. La recuperación de estos lazos (y otras circunstancias) moverá al protagonista hacia Rumania, en una visita a su hija en la que buscará comprender todo lo que se ha perdido del mundo exterior e intentar legar un poco de su visión del mismo a su hija. Los resultados desastrosos no se hacen esperar.


La segunda parte del film se ha prestado a una interpretación demasiado superficial de las intenciones de Ade, pensando muchos que la directora intenta aleccionarnos sobre la deshumanización del mundo actual y la incapacidad de disfrutar pequeños momentos. En parte puede ser así, pues queda claro que la directora se pone del lado de Winfried cuando descubrimos a través de los ojos protagonistas el cruel, machista y estresante mundo en que su hija debe arrastrarse como serpiente para lograr su sonado éxito. Sin embargo no hay que dejar el análisis ahí, pues Toni Erdmann es ante todo la historia de sus dos personajes que intentan establecer una vía de comunicación: un padre que considera que su hija necesita un poco de sí mismo para sobrevivir en ese mundo y una hija que considera a su padre un perdedor y una vergüenza pero que de alguna manera quiere entender lo que le pasa por la cabeza. De esta manera, el juego de simulaciones que padre e hija comienzan cuando aparece Toni Erdmann en escena (una vez que Winfried ha fracasado como padre) se vuelve otro capítulo más de este tira y afloja, de esta búsqueda por comprenderse. Toni representa la forma en que Winfried ve el mundo en que se mueve su hija, y no puede evitar poner en él todas sus escondidas frustraciones personales; si bien Toni es un punto de inflexión en la vida de Inés de ninguna manera es un maestro de vida que viene a enseñarle su lado luminoso, pues en este viaje a ambos les toca aprender.


Es esta tercera parte, cuando Toni Erdmann y su hija inician una serie de “aventuras”, cuando más brilla la dirección y el trabajo de dos actores que te ponen la piel de gallina escena a escena. Los enormes  Peter Simonischek y Sandra Hüller deberían comerse la temporada de premios entera. Si Ade consigue equilibrar su planteo de comedia delirante con el potente drama que subyace debajo es, en parte, por lo que estos dos actores transmiten con sus personajes. Hasta tal punto es así, que los momentos más dignos de arrancarte una lágrima están envueltas en el más absoluto de los ridículos, y sin embargo funcionan como un reloj. El empaque ligero ayuda a amenizar las más de dos horas y media de película y ha llevado a muchos a expresar que el guión tiene potencial para un remake hollywoodense. Pero no hay que confiarse, pues aunque la directora hace mucho para que la película sea accesible, Toni Erdmann no es un ejercicio mainstream ni te lo pone demasiado fácil.


Las películas que van sobre reencuentros terminan con abrazos y lágrimas, pero la complicada relación de los protagonistas no podía permitírselo en Toni Erdmann. Apenas sí se permite poner en juego algunos elementos simbólicos que nos den pistas sobre que tan bien les ha ido el experimento a ambos, pero no hay un final festivo ni una sensación de triunfo; todo puede seguir igual después que aparecen los créditos, todos excepto nosotros por supuesto que hemos sido tocados durante más de dos horas y media por algo inolvidable.

9/10

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