martes, 6 de diciembre de 2016

Paterson. Absorber la sustancia de lo fútil.

Título original:
Paterson
Año:
2016
Fecha de estreno:
7 de diciembre de 2016
Duración:
113 min
País:
Estados Unidos
Director:
Jim Jarmusch
Reparto:
Adam Driver, Golshifteh Farahani, Sterling Jerins, Kara Hayward, Luis Da Silva Jr., Frank Harts, William Jackson Harper, Jorge Vega, Trevor Parham, Masatoshi Nagase
Distribuidora:
Vértigo


Jarmusch representa el tedio. Una manera de hacer cine alejada de convencionalismos hollywoodienses -aún cuando recurre a estrellas consagradas o emergentes para protagonizar sus filmes- centrándose en las nimiedades de la vida, en las conversaciones banales de los personajes, en observar el mundo desde la parsimonia y el melancolismo poético. Y, al mismo tiempo, captura la esencia y catapulta el mensaje siempre supeditado al envoltorio, del cual Jarmusch no puede huir. Es su seña de identidad. Tras mostrar su particular punto de vista del mito vampírico, el cineasta americano retoma la senda extendida a lo largo de su filmografía de resaltar a los héroes cotidianos mediante un relato que unifica todas sus filias, fobias y manías.


Paterson es la historia de Paterson ambientada en Paterson. Paterson al cuadrado. Adam Driver es un ídem de autobuses con alma de poeta. Y ya, con esta duplicidad de coincidencias -aunque lo de Adam Driver seguramente no sea buscado-, Jarmusch juega a lo largo de la película para construir un taciturno homenaje a los pequeños caramelos, detalles y regalos ofrecidos por la vida. Todo ello desde los ojos de Paterson quien escribe en sus ratos libres composiciones asonantes, que vemos sobreimpresionadas en la pantalla, ensalzando la belleza y el significado romántico de una caja de cerillas, por ejemplo. Como extensión de estos poemas, Paterson supone una oda a lo cotidiano, a la monotonía de la vida, algo subrayado por Jarmusch al estructurar su película desde la linealidad de una semana.

Desde el lunes, cada día comienza con un plano cenital de la pareja en la cama a las 6:15 de la mañana. Él la besa, ella le cuenta su sueño, él desayuna y se marcha a trabajar. Paterson habla de la rutina diaria y de esas pequeñas casualidades que diferencian un día de otro. Y de la duplicidad otra vez en cómo enlaza ideas y obsesiones representada en la abundancia de gemelos. En su carácter de conductor, Driver se erige como oyente de excepción. Las conversaciones de los personajes secundarios adquieren relevancia, como en Noche en la Tierra. La noche, en el bar, también es protagonista. Para seguir recalcando conversaciones. Para llamar a la reacción al espectador, con secundarios pintorescos o el recurrente gag perruno para hacer reír -quizá se abuse de ello- o la excentricidad de la mujer de Paterson.


Es la manera de Jarmusch para romper la barrera del hastío más absoluto. Porque su narrativa abraza el tono meditativo para absorber la sustancia de lo fútil, una elección consciente para dejarse imbuir por el atractivo de las pequeñas cosas. Todo ello aupado por la interpretación de un encomiable Adam Driver en la antítesis de Kylo Ren, como un protagonista parco de gran corazón capaz de leer y extraerle el alma a lo rutinario en un clara extensión del mismísimo Jarmusch quien emplea el minimalismo como forma artística de expresión. Para quien lo íntimo es importante y no puede faltar su melomanía en cuanto a referencias musicales así como culturales y literarias -más siendo poeta su protagonista. Nada parece llamar la atención pero todo le llama la atención a Paterson. Este es el acento en lo particular desde lo normal, desde lo consuetudinario, para aplaudir lo extraordinario. Como muestra, el encuentro con el turista japonés también obsesionado con Paterson.

7/10

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