jueves, 10 de noviembre de 2016

Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás. Aplicaros el cuento.

Título original:
Jack Reacher 2: Never Go Back
Año:
2016
Fecha de estreno:
11 de Noviembre de 2016 
Duración:
118 min
País:
Estados Unidos
Director:
Edward Zwick
Reparto:
Tom Cruise, Cobie Smulders, Danika Yarosh, Aldis Hodge, Robert Knepper
Distribuidora:
Paramount



Lo mínimo que se le debe exigir a una secuela es que se respete al personaje protagonista. El Jack Reacher llevado a la gran pantalla por Christopher McQuarrie en 2012 era indestructible e independiente. Mientras que el Reacher de Edward Zwick de este año es un hombre falto de cariño y del que se explota más su pasado que su presente. Tom Cruise vuelve a interpretar al personaje titular, y el resto del potente reparto de la cinta original se desvanece para dejar paso a un elenco más asequible para las carteras de los productores. Lo cual provoca que se despoje a la película de la presencia de actores de la talla de Rosamund Pike o Robert Duvall, para dar paso a un equipo más televisivo. Lo mismo se puede decir de la sucesión en el cargo de director, ya que la labor de Zwick es mucho más convencional y menos sorprendente que la de un McQuarrie que tenía y tiene mejores cosas que hacer que esta secuela.



En esta ocasión Reacher vuelve a verse envuelto en una conspiración, aún más enrevesada que la anterior, y se intuye una mayor dependencia por el sexo opuesto, ya sea en forma de su compañera de aventuras, interpretada por Cobie Smulders, o por la adolescente que podría ser su hija. La introducción de dos personajes femeninos en la órbita más cercana a Reacher sería una buena noticia de no ser porque, a pesar de que se las presente como luchadoras, acaben dependiendo de su héroe. Por lo tanto, no se rompe el techo de cristal, sino que el protagonista sigue correteando encima de él, dejándonos claro quién manda en esta historia. Pero lo que más distancia al espectador de la cinta no es ese descarado desprecio, sino lo obvio que es el desarrollo y los elementos que se quieren denunciar. Por ejemplo, las conversaciones sobre homosexualidad y discriminación en el ejército resultan tan evidentes que denotan la falta de esfuerzo por llevar a un terreno subyacente las críticas, sacándolas a relucir con orgullo y perdiendo el brillo instantáneamente.

Pero no dejamos de estar frente a una película de acción, que suelen compensar sus carencias narrativas con hipnóticas persecuciones o combates. En este campo, Zwick no alcanza el nivel de composición de McQuarrie, pero al menos se defiende. Así que dependiendo del espectador que se enfrente a esta producción, la acción podrá ahogar en mayor o menor medida el soporífero sin sentido conspiranoide que va creciendo dentro de ella. Su mayor pecado es perder la esencia de un personaje franquicia que tenía cierto atractivo como Reacher, pero no es la primera vez ni será la última que veremos este tipo de sacrilegios promovidos por el interés de explotación de algo que no se ha sabido prolongar.
 

3/10

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