viernes, 2 de septiembre de 2016

El principito. Lo esencial es invisible a los ojos.


Título original:
Le petit prince (The little prince)
Año:
2015
Fecha de estreno:
09 de Septiembre de 2016
Duración:
106 min
País:
Francia
Director:
Mark Osborne
Reparto:
Animación (Voces de Jeff Bridges, Rachel McAdams, Paul Rudd, Marion Cotillard, James Franco, Benicio Del Toro, Ricky Gervais, Bud Cort, Paul Giamatti, Riley Osborne, Albert Brooks, Mackenzie Foy)
Distribuidora:
Wanda Vision


A estas alturas, decir que El principito es el libro francés más leído y traducido de todos los tiempos creo que no es mucha sorpresa, aunque no deja parecerme maravilloso que sea un éxito y tenga tanta trascendencia mediática una obra que va en contra del culto al negocio, la mecanización y sistematización de la vida. Paradojas. Antoine Saint-Exupéry, basado en pripias experiencias suyas como aviador en la Segunda Guerra Mundial, nos dejó en 1943 esta obra imperecedera que dejó huella entre muchísimos otros, en Mark Osborne, director de Kung Fu Panda. Este, quien tiene un recuerdo especial de la obra junto a su esposa, acogió con especial agrado esta adaptación/reinterpretación del libro, a mi parecer con mucho acierto.


Y podría empezar aclarando ese aspecto precisamente. La película de Mark Osborne no es exactamente una adaptación del libro de forma literal. Más bien reinterpreta el libro de Saint-Exupéry cogiendo su magia para revestirlo de obra contemporánea, pero su mensaje sigue igual de vigente, y, dicho sea de paso, es un hermoso homenaje. La verdad es que esto es más interesante que una adaptación en sí, sea cual sea el resultado final, pues le otorga un plus creativo. Además, visualmente la película gana con esto, teniendo una animación 3D para la historia de la niña protagonista (el mundo real) y luego un stop motion clásico y bello para recrear los pasajes propiamente del libro (el mundo imaginario).


La película nos sitúa desde una visión menos fantasiosa y más realista, el de una niña y su madre, donde esta última ya ha organizado la vida de su hija para que pueda entrar en la prestigiosa academia Warth y tenga éxito en su vida. Pero gracias a un vecino, un abuelo un tanto loco pero entrañable (alter ego del que podría haber sido el escritor Saint-Exupéry si hubiera llegado a viejo) descubrirá la historia de El principito y a ver la vida con otros ojos. Con esto, y al igual que el libro, se erige como esa buena mezcla de continente en apariencia para niños con contenido realmente para adultos (o para todos los públicos, también), que poco desmerece a otras de grandes compañías como Pixar. De hecho, si como a mí en algún tramo os encontráis con cierto aroma a Ratatouille que no os extrañe, la deliciosa banda sonora tiene varias canciones de Camille, quien ya deleitó nuestros oídos con Le Festin bajo la estampa parisina en la obra de Pixar.

Incide en el mensaje de que en el mundo adulto sólo importa lo "práctico", y no se preocupan tanto del bienestar emocional. El aprendizaje interior debería ser igual de importante (o más) que en enfoque productivo hacia la sociedad. Porque primero de todo somos personas, y luego ya individuos de la sociedad, no al revés. Y esto queda patente desde sus primeros compases, cuando un plano aéreo nos muestra un mundo cuadriculado, donde esta figura geométrica es una constante. Luego vemos a una madre y una hija esperando para una entrevista de una prestigiosa academia de estudios, con un discurso mecanizado... pero que al final no sale según lo esperado, y eso que la respuesta a la famosa pregunta estaba todo el rato alrededor suyo (los cuadros de la sala de espera). Esta breve escena cómica ya es toda una declaración de intenciones sobre su mensaje final. Tampoco creo que sea casualidad que dos de las acciones que empiezan a perturbar la monótona cotidianidad y mecánica vida que lleva la niña sean una hélice y un avión de papel, dos elementos que hacen referencia al vuelo, pues dejar volar la imaginación es el primer paso que hay que dar para entender la historia de El principito.


Sus dos primeros actos están a gran altura, muy inspirados, pero el tercero decae un poco, presentando a un Sr. Prince demasiado ridículo e idiotizado. Igualmente no perjudica demasiado a la película porque la historia de fondo está bien hilada y bien relatada, pero deja esa leve sensación de que podría haber sido magnífica, aunque se quede en notable (que no está nada mal!).
Después de varios desbarajustes en la distribución, es una suerte que por fin vaya a poder estrenarse la película en la gran pantalla y disfrutar de una obra que tiene en consideración cualquier detalle. Una película que, al contrario que "en el mundo de los adultos", aquí los créditos van de abajo hacia arriba, porque el final no es el suelo, sino las estrellas.
Mark Osborne demuestra que El principito sigue conquistando corazones a su paso. Enseñando a niños a ver lo invisible, recordando a mayores lo que ya han olvidado.
Yo no olvido cómo llegué a El principito, gracias a una de esas personas que hacen que el título de 'maestro' tenga cierto peso, ya que no se limitan a abrir el libro de lecciones y a recitar las palabras que allí están escritas, sino que te enseñan, de la asignatura y de la vida, y te hacen desear aprender. Para mí, ese maestro fue Ovidio Calero (si por azares de la vida llega a leerme, mis más sinceras gracias por todo). Grecia, Homero, el latín y El principito siempre me evocarán a él como el zorro siempre verá al principito en los dorados campos de trigo. Y es que el problema no es crecer, sino olvidar.

7,5/10

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