martes, 28 de junio de 2016

Todos queremos algo. Y siempre queremos más de Linklater.

Título original:
Everybody wants some!!
Año:
2016
Fecha de estreno:
01 de julio de 2016
Duración:
116 min
País:
Estados Unidos
Director:
Richard Linklater
Reparto:
Ryan Guzman, Zoey Deutch, Tyler Hoechlin, Wyatt Russell, Adriene Mishler, Blake Jenner, Jonathan Breck, Jessi Mechler, Glen Powell
Distribuidora:
Avalon


Boyhood, un ambicioso proyecto que seguía el crecimiento de un chaval a lo largo de doce años reales. La saga de secuelas secuenciales de Antes de... sobre una pareja y su evolución durante unos veinte años ( al más puro estilo Truffaut con su alter ego Antoine Doiniel). Y ahora Linklater recupera la esencia de los problemas juveniles que ya reflejara en Movida del 76 pero cambia los personajes y su etapa vital centrándose en una época más madura. Por mantener ese espíritu celebrativo y cambiante, Todos queremos algo porta con orgullo el sobrenombre de secuela espiritual de Movida del 76. Si bien ésta narraba el primer día de unos novatos en el instituto y las putadas de los de último año a mediados de los 70, el nuevo trabajo del texano recoge los últimos días de vacaciones antes de empezar la universidad en plenos años 80.

Las similitudes entre ambas películas van más allá de lo conceptual. Ambas películas ensalzan el período en el cual Linklater enfatiza edificando un retrato realista y cercano de la juventud con sus problemas y temas típicos. Las juergas, el alcohol, los intereses culturales, el amor o las chicas asumen su rol de importancia; en Todos queremos algo se focaliza en un equipo de béisbol mientras que en Movida del 76 la historia estaba más polarizada, con un reparto más coral. En ambas películas la música se erige como otro protagonista más, mezclando canciones representativas de cada período y construyendo una banda sonora maravillosa que despierta la nostalgia de aquel que las visiona. Y en ambas películas el reparto está compuesto de actores cuasi desconocidos - Affleck, McConaughey, Tyler... se harían famosos años después -. 


Dejando las semejanzas al margen - aunque siempre van a rondar nuestra cabeza mientras escribimos esta reseña porque son más que evidentes - Todos queremos algo se articula dentro del terreno de lo sentimental. Apelando a la melancolía y la añoranza y mimetizado en la música (símbolo imperante en el cine de Linklater), el director concentra un corto espacio temporal para acentuar la riqueza conceptual de ese lapso pues idealiza el momento con una narrativa alrededor de los personajes y sus vivencias del carpe diem, como si penalizara la historia en su acepción más típica. Embebiéndose en los actores, en lo que significan los personajes y sus acciones, Linklater regala una crónica generacional plagada de las diversiones y despreocupaciones antes de estudiar. Su signo transitorio, en ese limbo del paso a la madurez absoluta con esos primeros síntomas de libertad en el campus, son tratados desde un punto de vista positivo, celebrativo.

Y como marca de la casa, la verborrea constante (no hay que entenderla como algo peyorativo), inunda la pantalla. Los diálogos hechos con mimo se sienten como un estudio concienzudo de la época / etapa vital / temas tratados. El discurrir filosófico, las preocupaciones o las disgresiones entre personajes inyectan la película de ese tono veraz pues los jóvenes no sólo viven de fiesta. Linklater aprovecha la ambientación temporal para hacer hincapié también los diferentes estratos sociales de la universidad aunque sus protagonistas pertenezcan al mundo del deporte. Así, los bohemios del teatro o los incipientes punks, se entremezclan con los deportistas quienes no dudan en adaptarse a su vez a las circunstancias. Música disco, country... y una divertida escena rapera en un coche casi al inicio marcan los constantes subidones anímicos de esta película. 


Otro punto a su favor son los actores. A pesar de no ser reconocibles por el gran público, su trabajo -y gracias al buen hacer de Linklater como director de actores- es más que notable y memorable. La naturalidad de sus interpretaciones y de sus conversaciones, tan triviales como significativas, aportan un plus. Blake Jenner tiene la responsabilidad de ser el "falso protagonista" pues en quien te introduce en ese mundo coral pero son los "secundarios" quienes cimientan el enriqucimiento del conjunto con personajes tan carismáticos como el Finn de Glen Powell. En definitiva, Todos queremos algo vuelve a confirmar el talento -si es que alguien lo dudaba a estas alturas- de Linklater para construir historias a priori banales pero llenas de vida, donde el parloteo incesante y la espontaneidad de sus protagonistas son los reyes de la función.

8,5/10

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