jueves, 9 de junio de 2016

Eddie El Águila. Un perdedor con encanto.

Título original:
Eddie The Eagle
Año:
2016
Fecha de estreno:
10 de junio de 2016
Duración:
105 min
País:
Reino Unido 
Director:
Dexter Fletcher
Reparto:
Taron Egerton, Hugh Jackman, Christopher Walken, Matthew Brandon, Ania Sowinski, Mads Sjøgård Pettersen, Tony Paul West
Distribuidora:
Fox


Que Matthew Vaughn ha demostrado en sus proyectos un sentido del humor bastante peculiar es incuestionable. Un humor exagerado, negro e irónico con un gusto marcado por la acción macarra. Productor de las dos gamberradas de Ritchie Lock & Stock y Snatch: Cerdos y diamantes, Vaughn ha dirigido otros productos similares como Layer Cake, Kick-Ass y la más reciente Kingsman. Todas ellas poseen ese espíritu fresco, canallesco, de humor deudor de la novela gráfica más desvergonzada y sin tapujos, rayando en el exceso -de sangre- y regodeándose en ello. Por eso, su aventura como productor de una película familiar y alegre, sorprende. Hace unos años compró un guión basado en la historia real del saltador olímpico Michael "Eddie" Edwards, historia materializada en Eddie El Águila, dirigida por su amigo y cómplice, el actor Dexter Fletcher.

Fletcher no es un novato en esto de dirigir películas de corte buenrollista. Hace un par de años estrenaba en España el fallido musical Amanece en Edimburgo, con "una trama previsible y edulcorada, sin hacer partícipe al espectador" de ese espíritu positivo. Quizá sea la influencia de Vaughn -el personaje de Hugh Jackman- o quizá el respeto hacia el personaje real, lo cierto es que Eddie El Águila sí ha sabido capturar la esencia amable, fresca y divertida del relato, convirtiendo este biopic en una feel-good movie inspiracional y de superación de aires británicos, al más puro estilo Billy Elliot, Full Monty o Pride.


La película se abre con un Eddie niño, mientras practica -inútilmente- varios deportes y sueña con participar en unos Juegos Olímpicos. Dada su nulidad deportiva, se da cuenta que lo único en lo que podría ser medianamente mediocre es en el salto de esquí, una disciplina sin base histórica en la delegación británica. La determinación, la obstinación y el entusiasmo proporcionado por Eddie, hicieron que, a pesar de las trabas -y sus marcas personales- consiguiera participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988 (sí, los mismos donde comenzó a competir el equipo jamaicano de bobsleigh), haciendo suyo el famoso lema del barón de Coubertin "lo importante es participar".

Ante todo, cabe recordar que estamos ante una película inspirada en un hecho real pero gran parte de ella es ficcionada. Se ha mantenido el respeto hacia el verdadero Eddie quien, en su día, fue muy mediático por su hito histórico. Su carácter podría haber caído en lo bufonesco, teniendo en cuenta su aspecto físico y su personalidad inocente-aniñada. Taron Egerton se convierte en Eddie, adaptando su cuerpo y manteniendo en el rostro una expresión ingenua y pura durante todo el metraje. Egerton transmite el entusiasmo de Eddie, un pulpo en un garaje cuyo tesón a pesar de no haber practicado nunca el salto de esquí, a pesar de haber comenzado a una edad tardía, a pesar de no contar con financiación a sus espaldas, a pesar de apenas haber entrenado, a pesar de su vista mediocre le llevó a la élite de la competición olímpica, eso sí, con un estilo de salto poco ortodoxo.


Y para llegar a la alta competición, en Eddie El Águila se inventan un personaje consorte para el protagonista (Eddie nunca tuvo un entrenador fijo). Se trata de un carismático Hugh Jackman, en un personaje nacido en el universo Vaughn -deslenguado, borracho y fumador-, quien interpreta a un improvisado entrenador otrora saltado de esquí frustado. La película se nutre de esta relación entrenador-pupilo con lo que se convierte en un proyecto más convencional y lleno de clichés en este tipo de producciones de superación personal y redención de terceros, con un entrenamiento (y montaje) que remite a Rocky irremediablemente.

Por el carisma de Hugh Jackman y del emergente Taron Egerton, por el mensaje positivo y vitalista transmitido, por el punto de partida tan bizarro para ser una historia real y por el dinamismo imprimido en la construcción de la historia, Eddie El Águila se convierte en un cóctel idóneo para disfrutar en familia, una desgustación ligera y de sabor dulce.

7/10

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