domingo, 19 de junio de 2016

18º Festival de Cine Alemán. Día 4: 'Yo y Kamimski' y 'En la casa de las telarañas'.




Vamos con la penúltima de las reseñas dedicadas al 18º Festiva de Cine Alemán, que tuvo lugar del 7 al 12 de Junio. Recordamos que podéis leer la inauguración con Fukushima, mon amour y los repasos al 2º día y al tercero en entradas anteriores.
Hoy toca hablar de Yo y Kaminski, de Wolfgang Becker y En la casa de las telarañas, de Mara Eibl-Eibesfeldt.


Yo y Kamiski (Ich und Kaminski) es la nueva obra del director de Good bye, Lenin! y también la vuelve a protagonizar Daniel Brühl, eso sí, cambiando de registro. Esta comedia sigue las desventuras de un crítico de arte que, deseoso de gloria, le propone a Kaminski, un anciano pintor ciego de gran fama antaño, escribir su biografía. En verdad Sebastian Zöllner lo que pretende es comprobar si es cierto el rumor de que, en verdad Kaminski no es ciego, y así crear una exitosa biografía sensacionalista. Lo que no sabe Zöllner es que el viejo Kaminski (Jesper Christensen con un maquillaje que lo hace irreconocible) se entera más de lo que parece, y será él el que se aproveche para ir a buscar a su amor de juventud. Si en Good bye, Lenin! Brühl era un hijo modélico que intentaba por todos los medios hacer creer a su madre que el muro aún no había caído, aquí el cinismo y la vanidad son los ejes por los que se mueve su personaje, pero sin dejar de caer simpático en ningún momento, algo habitual cuando interpreta el hispano-alemán. Sí es cierto que al principio puede parecer un personaje un tanto estrambótico y que cuesta habituarse.

La película se divide en episodios, introducidos con motivos pictóricos que homenajear el arte de Kaminski, quien en la introducción del filme fue presentado a modo de falso documental como en la película Zelig de Woody Allen. Una vez ya coinciden en escena Zöllner y Kaminski, la película se viene arriba y se convierte en una road movie agradable y divertida. Hay dos papeles secundarios magníficos reservados para Denis Lavant y Geraldine Chaplin que se convierten en dos de los grandes momentos de la película. Quizás Yo y Kaminski no transcenderá como Good bye, Lenin!, pero como comedia desenfadada es garantía de dos horas muy amenas.


En la casa de las telarañas (Im Spinnwebhaus) deja de lado la comedia para presentarnos un drama sobre dos hermanos y una hermana donde el mayor de ellos tiene 12 años. Viven solos con su madre, pero ésta ingresará en una institución mental por voluntad propia y les dice que volverá pronto, por lo que la película refleja cómo se las apañan los muchachos para vivir su día a día sin un adulto que les vigile. Al estar relatada desde el punto de vista infantil, se resta dramatismo en gran medida, aunque la película no está exenta de un tono melancólico bastante marcado, sobre todo en su tramo final, donde se toma hasta una licencia poética la directora. Rodada en blanco y negro, la clave de su éxito son los tres jóvenes protagonistas, que en todo momento resultan altamente creíbles y espontáneos. El personaje de Ludwig Trepte como el joven mendigo que se hace amigo de Jonas, el mayor de los hermanos, aporta cierto misterio y onirismo al relato y se intercala perfectamente en la trapa. Los que chirrían más, precisamente son los adultos, empezando por la madre, donde sus problemas mentales son un tanto extraños como poco y no quedan muy claros en la película.

Quizás en un punto dado la película parece dar vueltas sobre sí misma sin un rumbo fijo, tornándose algo reiterativa, pero no deja de ser un debut más que satisfactorio por parte de Mara Eibl-Eibesfeldt y ha captado perfectamente ese espíritu infantil que debe crecer por imposición del destino, por mucho que se niegue a ello. 


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