sábado, 14 de mayo de 2016

X-Men: Apocalipsis. Ni purga ni gloria.

Título original:
X-Men: Apocalypse
Año:
2016
Fecha de estreno:
20 de Mayo de 2016  
Duración:
144 min
País:
Estados Unidos
Director:
Bryan Singer
Reparto:
James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Oscar Isaac, Sophie Turner, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Evan Peters, Jodi Smit-McPhee, Alexandra Shipp
Distribuidora:
Fox


La creatividad no tiene por qué ir ligada a la reinvención. No es necesario cuestionar las reglas del cine para crear algo diferente y novedoso, aunque sea así como se regeneran las artes. Pero sí que es exigible que cuando se cuenta con un poder económico megalómano entre las manos, se aproveche de forma original, y que el objetivo no sea amortiguar los golpes con excesos de efectos especiales y personajes. Bryan Singer no es precisamente un director renacentista, pero sí que nos ha regalado detalles de puro esplendor, como con Sospechosos habituales. Además de ser uno de los pioneros en la vorágine de las franquicias heroicas. Pero en su cuarta incursión en el mundo mutante (quinta en el de los superhéroes si contamos la infame Superman Returns), apenas se esfuerza por mostrar algo que no nos haya enseñado ya. De hecho centra sus esfuerzos en reiterar filias y fobias. Con X-Men: Apocalipsis cierra la segunda trilogía de estos renovados personajes, y ha cumplido de forma totalmente funcional, con una película que no levantará pasiones extremas, pero que tampoco debería ser deplorada.


La espesa primera hora, que sirve únicamente para poner las piezas en su sitio, lastra el impacto final de la cinta. En esa excesivamente dilatada puesta a punto se componen los bandos y se presenta a los futuros estandartes de la franquicia, pero no se presta atención a una débil historia, impulsada por individualismos más o menos convincentes. Por un lado, tenemos a los veteranos (Xavier, Magneto, Mística y Bestia), cuya aportación a la película es indudablemente vital pero mucho menos relevante que en las anteriores entregas. James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence y Nicholas Hoult cada vez reciben menos atención para que las nuevas generaciones vayan cobrando el protagonismo. Pero el problema es que nadie recoge ese testigo protagónico. Por muy coral que sea el reparto, para que no se diluyan tantas tramas, deberían girar correctamente alrededor de uno de los mutantes. Y ni los ya conocidos ni los re-conocidos toman esa responsabilidad.

Por el otro lado, se encuentran Scott Summers (nada de Cíclope todavía), Jean Grey y Rondador Nocturno, encarnados por tres de los actores jóvenes más prometedores de Hollywood. Singer les presta la atención justa para que estén involucrados en el desarrollo del relato, pero no les permite evolucionar, conocerse y dejarnos conocerles más a fondo. Tye Sheridan y Sophie Turner convencen con creces como los dos primeros, y Kodi Smit-McPhee parece perfecto para el rol de Rondador. Mención aparte merece el glorioso Quicksilver interpretado magistralmente por Evan Peters (de nuevo con una secuencia que es una delicia para la vista y el oído). Por lo que es una verdadera pena que estos aciertos de casting no se hayan aprovechado mejor. La transición está asegurada, pero se les ha privado en exceso de entrar de forma más llamativa. Aunque no es tanto este bando el que hace que la película tarde en arrancar, ya que es el equipo antagónico el que carga con el set completo de clichés. Un villano sádico, todopoderoso e imbatible al 99%. Una maldad tan extrema que ya aburre. Comparado con el Lex Luthor de Batman v Superman o el Barón Zemo de Civil War suena casi arcaico. Por lo que Singer también pierde la oportunidad de sacar oro del talento de Oscar Isaac, que queda abandonado en la sala de maquillaje. En cuanto al resto de sus jinetes apocalípticos (Ángel, Psylocke y Tormenta, aparte de Magneto), no despiertan el más mínimo interés. Tres personajes que no aportan más que un stormtrooper genérico.


En todo esto reside el problema. En abrumar con tantos personajes y pequeñas tramas, envueltas en efectos especiales correctamente ejecutados y ligados a los poderes de cada uno. Pero no deja de ser una neblina, para que el espectador no se fije en un guión tan fragmentado que cuesta comprarlo como conjunto. La gran ventaja con la que contó Matthew Vaughn en X-Men: Primera generación (a la que recurre Singer para justificar emociones que él es incapaz de evocar) fue que el número de personajes era más abarcable, y supo sacarle partido a los más vitales. Singer supo equilibrar la balanza de mutantes en la secuela, gracias en buena parte al protagonismo de Lobezno, pero en la tercera entrega no ha logrado repartir el tiempo en las zonas de interés. Sobre todo porque cuando hay dos bandos y uno de ellos resulta tan casposo, se acaba la tensión de qué ocurrirá al final. Todos sabemos en esencia cómo terminan las películas de superhéroes, lo importante es el camino que lleva a ese desenlace. Y en este caso, como ya es habitual en el género, hay tantos personajes ocupando ese sendero, que termina por colapsar, dejando fragmentos espectaculares y llamativos durante la explosión, pero muchas esquirlas prescindibles y estridentes que mellan una producción de la que habría cabido esperar mucho más.

Tras ver X-Men: Apocalipsis queda claro que la franquicia necesita una nueva mirada, ya que la de Singer está agotada (otra vez). Además sería necesario apostar por historias más atrevidas, porque en este caso se repite lo que ya vimos hace poco más de un año en Kingsman: Servicio secreto: una purga a los más débiles para que las elites consoliden su poder. Las motivaciones de los villanos de ambas cintas son diferentes, pero el objetivo era el mismo. Con la principal diferencia de que el personaje de Samuel L. Jackson tenía un carisma tan abrumador que hace que Apocalipsis suene a broma. Por lo que es necesario un lavado de cara de la franquicia mutante, un equipo con nuevas y estimulantes ideas que sepa aprovechar todo aquello positivo que deja la nueva trilogía, en la que X-Men: Apocalipsis se ha posicionado como un eslabón más débil a la hora de entretener de manera continuada. 

Menos mareas de personajes y más cine (y Evan Peters).

6/10

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