miércoles, 4 de mayo de 2016

El otro lado de la puerta. ¿Miedo o vergüenza?

Título original:
The Other Side of the Door
Año:
2016
Fecha de estreno:
6 de Mayo de 2016 
Duración:
96 min
País:
Estados Unidos
Director:
Johannes Roberts
Reparto:
Sarah Wayne Callies, Jeremy Sisto, Sofia Rosinski, Javier Botet, Logan Creran, Suchitra Pillai
Distribuidora:
Fox



Todos los géneros cinematográficos tienen sus altos y sus bajos, grandes obras maestras y deplorables ejercicios de algo que difícilmente puede llamarse cine, pero en los últimos años el terror se está desmarcando hacia el segundo terreno como la categoría menos respetable dentro del séptimo arte. Aunque nunca haya sido la panacea de la calidad, al menos de vez en cuando se veía algo disfrutable. Algunos directores son capaces –en contadas ocasiones- de sacar algo de provecho de este género, como James Wan. El bajo presupuesto facilita un posterior alto rendimiento en taquilla, ya que para impresionar no es necesario un equipo de efectos especiales de docenas de personas, sino un buen director que comprenda visual y sonoramente un guión por lo menos decente. Pero lo habitual es que ni el director tenga una visión refrescante ni el libreto sea coherente. Se recurre al sonido por inercia para construir tensión vacua y a imágenes nada potentes y redundantes para tratar de despertar a algún susto a los espectadores más miedosos. Por lo tanto, hoy en día la sorpresa no es ver una mala película de “terror” –si es que alguien respeta esa palabra- sino ver una que rete a los arquetipos, como ItFollows. Por lo que el estrepitoso fracaso de El otro lado de la puerta ni siquiera sorprende, porque mantiene la tendencia de cine de pésima calidad, que parece estar orgulloso de no aspirar a entretener al público.


Ya de por sí la premisa de esta producción huele a reciclado. Se muere alguien, el espíritu regresa a la casa y a partir de ahí a esperar a que pase algo que no hayamos visto ya. Pero no pasa. Todos los personajes protagonistas podrían morirse en cualquier momento del metraje y no impactaría al espectador, porque el espacio se construye de manera muy artificial y la amenaza no genera temor, sino reticencia. A pesar de ambientar la película en la India, el contacto de la familia protagonista con ese entorno resulta muy poco creíble, limitando las muestras de la cultura hindú a ese estúpido proceso de resurrección espiritual a partir de una puerta. Y cuando ni los personajes ni el espacio están bien elaborados y entrelazados, es muy complicado que veamos algo que se sostiene. A no ser que el director de turno ponga algo de su parte, pero no es el caso del británico Johannes Roberts. El realizador no logra introducirnos en el mundo de la película, siendo cada intento de susto más previsible que el anterior. Al igual que las interpretaciones de los actores y actrices, seguramente arrastrados por sus agentes a este estropicio, no ayudan a estrechar lazos con y entre unos personajes carentes de interés y despojados de una trama que les dé vida.


Obviamente el cine de terror no se creó para tener una trascendencia vital, pero, como toda propuesta cinematográfica, sí que aspiraba a tener en vilo al público con aquello que cuenta gracias a la forma de narrarlo. El otro lado de la puerta es otro ejemplo más de que recurrir a producciones aceleradas de calidad nula puede resultar rentable, pero poco a poco mata a un género que se ha vuelto horripilante y terrorífico, pero no en el sentido que buscaba.

1/10

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