jueves, 12 de mayo de 2016

Angry Birds, la película. Conformismo infantiloide.

Título original:
Angry Birds
Año:
2016
Fecha de estreno:
13 de Mayo de 2016  
Duración:
97 min
País:
Estados Unidos
Director:
Clay Kaytis y Fergal Reilly
Reparto:
Animación
Distribuidora:
Sony Pictures




Las adaptaciones son el pan de cada día de los seguidores de la actualidad cinematográfica. A las novelas y el teatro se han ido uniendo -con menor fortuna- diversos medios narrativos como los videojuegos. Cada día un brillante ejecutivo da luz verde a un proyecto que levanta escepticismo porque se pone en duda si su salto al cine hará justicia a la experiencia original. Y si los ejecutivos, al igual que el público al que acechan para sacarle un par de billetes de la cartera, se pasan el día con el móvil en la mano, no es de extrañar que las aplicaciones de este dispositivo pasen de las cuatro pulgadas a la gran pantalla del cine. Si millones de personas juegan en su móvil, ¿por qué no van a ir todos al cine? Obviamente si la fórmula fuera tan sencilla los estudios se olvidarían de los superhéroes y dedicarían todos sus esfuerzos a adaptar el agar.io o el Monument Valley. Algo que no hay que descartar. Por ahora, Angry Birds ha sido la primera en sucumbir, y la simpleza que hacía entretenido al juego se traslada previsiblemente a una película demasiado pobre en el planteamiento. 


Este conformismo se respira a lo largo de toda la cinta. Lo cual provoca que el público objetivo de la película se reduzca a la mínima edad posible. En vez de tomar el ejemplo de La LEGO película y buscar entretener a cada persona que se siente en la butaca independientemente de su edad, Angry Birds rascará las risas de los infantes que apenas alcanzan a ver la pantalla. Algo totalmente respetable, pero que inmediatamente la vuelve intrascendente. La premisa de los cerdos invasores no tiene nada de novedoso, una especie o sociedad que se ve amenazada por otra y actúa es el conflicto más antiguo. Si no que venga Darwin y lo vea. Los sucesos que envuelven a los pájaros protagonistas, que no tienen el suficiente carisma como para sacar provecho de los gags físicos, llevan a justificar la violencia como solución primera y única. Un gran valor que transmitir a esos niños que pobres de sus padres como encuentren un tirachinas al salir del cine. Un relato raquítico que se sostiene sobre los huecos huesos de algún que otro personaje como Chuck, dotado de vida en buena parte por el fantástico doblaje de José Mota, y su frenetismo que recuerda al Quicksilver de Evan Peters. 


Puede que no sea acertado definir como fracaso la película, ya que en ningún momento habrán querido complicarse. Simplemente sacar la película lo antes posible para que el tirón de la aplicación todavía sirviera de impulso. Esa es la cara más triste del cine, la capitalizada. Todos sabemos que los engranajes de la industria solo funcionan si hay miles de millones de dólares circulando, pero todavía quedamos algunos románticos con la esperanza de que el entretenimiento rentable y la calidad narrativa puedan ir de la mano. Angry Birds funciona en la capa más superficial del cine, y en esa superficie quedará varada para que se la lleve el soplo del viento u otra propuesta similar en un par de semanas.

5,5/10

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