miércoles, 20 de abril de 2016

El niño y la bestia. La enseñanza recíproca.


Título original:
Bakemono no Ko (The Boy and the Beast)
Año:
2015
Fecha de estreno:
22 de Abril de 2016
Duración:
119 min
País:
Japón
Director:
Mamoru Hosoda
Reparto:
Animación
Distribuidora:
Sherlock Films / A Contracorriente Films


No es muy descabellado afirmar que, en el género de animación, la cinematografía japonesa es una de las que mejor rendimiento tiene. Se produce y se consume mucho anime, tanto dentro de Japón como fuera, y dos de las productoras más grandes, la Toei Animation y el Studio Ghibli, son reconocidos mundialmente. Y es que tratan la animación como un medio más, pero no como un género en sí. Hay anime enfocado a niños, a jóvenes, al género masculino, al femenino, a un público adulto... Su versatilidad es a la vez su mayor éxito. Y lo mejor es que fuera de los grandes estudios se siguen encontrado joyas a pares. Uno de estos claros ejemplos son las obras de Mamoru Hosoda, quien si bien empezó en la Toei haciendo películas de la saga Digimon y One Piece, quiso dar el salto a un cine más trascendental, con Madhouse, realizando La chica que saltaba a través del tiempo y Sumer Wars. Después decidió fundar su propia compañía, el Studio Chizu, con la que realizó su anterior trabajo, Wolf Children (Los niños lobo) y su última película hasta la fecha, El niño y la bestia. Todas tiene elementos fantasiosos de fondo, pero donde prima el concepto humano y reflexivo, con distintas capas para todas las edades: niños, jóvenes y adultos.




La evolución de Hosoda es clara, sus dos últimas películas han depurado su estilo sin perder su sello autoral. Si bien Wolf children se trataba el tema familiar enfocándose sobre el papel de la madre, El niño y la bestia podría entenderse como el reverso paternal, aunque amplía dicho concepto a algo más que la figura del padre, convirtiendo a la familia en “aquello que te llena el alma", que bien podría ser la enseñanza general de la película. El director ha reconocido que su reciente paternidad fue lo que le llevó a crear esta película. Criar a los niños, la enseñanza... son conceptos comúnmente aplicados al padre o la madre, pero Hosoda quiere ampliar horizontes, dando una visión moderna y más global del crecimiento personal. Aquí se refleja cómo puede influir un maestro (alguien más experimentado en la vida, no hace falta que sea un maestro escolar) en su discípulo, pero también como el mismo discípulo puede enseñar al mismo maestro, demostrando que las personas somos seres en constante aprendizaje.

De hecho, nuestro protagonista, Kyuta, empieza sin referentes paternos, y acaba siendo instruido por una bestia de rudos y toscos modales que, a pesar de que todo parecía indicar que no era capaz de enseñar nada a nadie, acaba convirtiéndose probablemente en el más indicado para él, por semejanza. Como ésta, la película está repleta de dualidades, desde los dos mundos (de los humanos y de las bestias), los dos nombres del protagonista (Kyuta y Ren) y su antagonista Ichirouhiko o el concepto de oscuridad (muy presente con esos agujeros oscuros) o plenitud, que representan claramente el odio y el amor. Sobre todo es interesante lo de los dos nombres del protagonista y su relación con su antagonista, pues es a través de la referencia a Moby Dick como se explica que Kyuta-Ren debe luchar contra sí mismo, su “lado malo”, por definirlo de alguna manera, para progresar y seguir adelante. De hecho, Ichirouhiko se acaba convirtiendo en un momento dado en una ballena con la cual Kyuta deberá luchar. De nuevo, el concepto de aprendizaje va más allá de la figura del padre o del maestro, y aporta ese crecimiento personal que sólo uno mismo puede hacer, conociéndose y purgando su alma. 


Todos estos conceptos que hace de El niño y la bestia una película mucho más que interesante, se encuentran presentados en un formato ameno y muy entretenido, con ese gran toque que impera en la animación nipona de apariencia "para todos los públicos" aderezado con fantasía, humor, acción, un acabado visual virtuoso. Lo que podría ser un Shōnen pero con una capa extra para que el adulto lo disfrute igualmente. Mamoru Hosoda trata con cariño y delicadeza una historia de apariencia sencilla, pero que engloba temas complejos. Lo envuelve de producto evasivo y de gran disfrute pero sin renunciar al mensaje más profundo. Y sales de la película con la sensación inmediata de querer repetirla. Esto es, sin duda, porque algo se ha hecho bien.

8/10

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