viernes, 6 de noviembre de 2015

Una pastelería en Tokio. Dorayakis como motor de vida.


Título original:
An
Año:
2015
Fecha de estreno:
6 de Noviembre de 2015
Duración:
113 min
País:
Japón
Director:
Naomi Kawase
Reparto:
Kirin Kiki, Masatoshi Nagase, Kyara Uchida, Miyoko Asada y Etsuko Ichihara
Distribuidora:
Caramel Films



La japonesa Naomi Kawase es de esas directoras de cine cuya carrera está en una constante simbiosis con los festivales de cine, no obstante desde que debutó en Cannes en 1997 con Suzuku su presencia en el festival galo ha sido de lo más recurrente, no solo a la hora de presentar sus películas sino a veces como miembro del jurado, como en el 2013 cuando se premió con La Palma de Oro a esa obra magna llamada La vida de Adele. 

En las dos últimas ediciones ha presentado dos películas diferentes, el año pasado compitió en la sección oficial con Aguas tranquilas, que se estrenó en España este año, y en el 2015 fue la encargada de inaugurar la sección Un certain regard con la producción que ahora nos ocupa.
Una pastelería en Tokio cuenta la historia de Santaro, que dirige una pequeña pastelería que sirve dorayakis. Cuando un día se le presenta la anciana, Tokue, ésta se ofrece a ayudarle en su cocina, él acaba accediendo y entre ambos se formará un vínculo que los unirá de una forma que no esperaban.


Estamos ante una película sencilla, de tono sencillo y mensaje sencillo, pero no por ello estamos hablando de algo simple. La directora sabe jugar con los elementos más básicos para elaborar un argumento que va mucho más allá de lo que significa vender dorayakis.
Los famosos pasteles japoneses son la excusa perfecta que Kawase utiliza para hablar de lo que significa el trabajo, los sueños frustrados, las relaciones intergeneracionales o la relación que el ser humano tiene con la naturaleza y sus semejantes, y eso está claro que no son temas menores...
Los protagonistas se necesitan los unos a los otros, de una forma más espiritual que material, se establece una relación sana, de continuo aprendizaje, tanto fuera como dentro de los fogones donde se cocinan su producto estrella.


Los actores cumplen pero lo más destacado es su protagonista femenina, su personaje está dotado de una encantadora humanidad que hace que te enamores de ella desde el principio, sabes de su pureza y compartes sus decisiones a lo largo de la película. Ella es la maestra de Santaro en la cocina, pero también es la encargada de ayudarle a encontrar un camino que ella nunca tuvo. Su generosidad es emotiva y admirable. 
Quizás la película esté algo alargada pero también sería un error haberla tratado de una forma acelerada, si algo nos ha enseñado la repostería es que las cosas se hacen con mimo y calma, y nunca con prisa. Y ya solo por ver como se preparan los icónicos dorayakis esta película merece ser vista y reflexionada. 
                                      
                                   6,5/10

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