jueves, 19 de noviembre de 2015

Mistress America. La superheroína inspiradora.

Título original:
Mistress America 
Año:
2015
Fecha de estreno:
20 de noviembre de 2015
Duración:
86 min
País:
Estados Unidos
Director:
Noah Baumbach
Reparto:
Lola Kirke, Greta Gerwig, Matthew Shear, Jasmine Cephas-Jones, Heather Lind, Michael Chernus, Cindy Cheung
Distribuidora:
Fox


Gerwig y Baumbach. Baumbach y Gerwig. Además de su vida sentimental, han unido sus carreras profesionales. Una perfecta simbiosis pues la musa del mumblecore parece ser el complemento ideal para Baumbach en su insistencia en encumbrar a personajes marcianos, en crisis, patéticos pero positivos. Mientras seamos jóvenes -último trabajo de Baumbach estrenado en España- no contó con el respaldo de la actriz y guionista y supuso un pequeño traspié en la ascendente carrera del director neoyorquino porque no supo capturar la esencia de los personajes. Junto a Gerwig retoma el camino de seres inadaptados socialmente que ambos ya acometieran en Frances Ha y, de la mano, vuelven a centrarse con Mistress America en la mujer contemporánea neoyorquina cosmopolita.

Desde el prisma de la casi hermanastra de Brooke (Gerwig), Mistress America está narrada en una falsa primera persona. Tracy (la semi debutante Lola Kirke) es una universitaria de primer año en Nueva York, ciudad donde no conoce a nadie. Su madre le dice que llame a su futura hermanastra Brooke, una treinteañera en teoría exitosa, jovial, activa, social, con objetivos de futuro. Tracy, escritora novata, empezará a novelar la historia de Brooke sin el conocimiento de esta última. ¿Acaso no es toda historia una de traición?. Y es que, aunque Brooke intenta emprender, acaba fracasando en sus propuestas. Hace de todo pero no hace de nada. Intenta ser una triunfadora de día y una superheroína de noche.


Como Tracy, el espectador enseguida cala la vida de Brooke, un papel hecho a medida para Gerwig (no en vano lo escribió ella misma). La californiana se desenvuelve con comodidad y soltura en roles de mujeres decididas, parlanchinas, perdidas e ingenuas. Su personaje es definido como "un cadáver podrido destinado al fracaso" pero ni la podredumbre ni la melancolía subyugan nunca el mensaje esperanzador de la película. Porque Brooke no se oculta de la vida; a pesar de los constantes intentos fallidos de prosperar, siempre la vive al máximo. Su escuela es la experiencia directa. Tracy, y en consecuencia también el espectador, se da cuenta que la capacidad regeneradora de Brooke es una inspiración para el resto de mortales. Como Frances, Brooke es un personaje único, una viejoven con ideas, con determinación, pero irrealizada. Como Frances, la película alienta a encontrar tu hogar en el interior para ser feliz. Esta no es una historia de traición. Es una historia de admiración.

Pero como no sólo de personajes viven Baumbach y Gerwig, la historia se construye en torno a un guión con elementos autorales característicos. Por un lado, la sombra de Frances Ha aparece, como si Mistress America fuera una extensión espiritual de aquélla. La soledad, la madurez emocional evolutiva en la historia, la marcianización de personajes y situaciones -una tendencia a la exageración que Baumbach ya materializó en sus colaboraciones con Wes Anderson-, y, sobre todo, los toques cómicos que confieren al conjunto la capacidad de empatizar con personajes con tintes tristones. La dupla Gerwig-Baumbach ejecuta con cariño sus historias para que, aún con los excesos, logren la complicidad requerida.


Con Baumbach sabemos que, aún estando ante una comedia, el poso real es de amargura. Por eso, incluso en la coreografiada escena clímax de diálogos rápidos, divertidos, ágiles y alocados en Connecticut -sí, sus personajes abandonan Nueva York- con tantos personajes entrando y saliendo de escena para recitar sus frases, acabamos reflexionando sobre la futilidad de ciertos aspectos de la vida. Baumbach, en especial cuando colabora con Gerwig, recoge el testigo de Woody Allen y se erige como un portavoz generacional, retratista, con esa mezcla de optimismo y patetismo, de las juventudes en crisis de madurez, con Nueva York como testigo directo de sus avatares.

7,5/10

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