jueves, 26 de noviembre de 2015

Coche Policial. Escapando de la inocencia


Título original:
Cop Car
Año:
2015
Fecha de estreno:
27 de Noviembre de 2015  
Duración:
86 min
País:
Estados Unidos
Director:
Jon Watts
Reparto:
Kevin BaconJames Freedson-JacksonHays WellfordShea WhighamCamryn Manheim
Distribuidora:
La Aventura Audiovisual


Las películas de Jon Watts han empezado a proliferar por las carteleras del mundo desde que se conociera la noticia de que sería el director del esperado remake de Spiderman, cinta que ahora sí va de la mano (al menos parcialmente) de la renombrada Marvel Studios y toda su maquinaria hacedora de blockbusters de éxito. ‘Coche Policial’  es el ejemplo de las carteleras españolas y la cinta que hoy nos ocupa, pero tanto ésta como su predecesora, la divertidísima Clown, han empezado a aparecer en las salas del mundo para todo aquél que le interese saber qué es lo que el director puede ofrecer. ¿Y qué es lo que Watts ofrece? Muchos han sido los que han salido desconcertados con estas dos películas, ya que ambas se encuentran en ese particular y peligroso limbo: tienen demasiada preocupación por lo formal como para resultar cómoda al espectador común que acude a una sala, sin embargo tienen ese halo de ‘intrascendencia’ que impide que el ambiente festivalero las celebre y las premie (mucho más preocupado por aquellas películas que buscan provocar impacto y herir sensibilidades). Clown y Coche Policial no son más que dos historias de corte muy clásico; un pequeño recorte de la ‘realidad’ con un tono disparatado que termina como empezó, sin cambiarte la vida, sin hacerte pensar mucho, pero con muchas risas y diversión de por medio. En las próximas líneas desarrollaré porqué la película protagonizada por Kevin Bacon es una de mis favoritas del año, y por qué creo que Watts puede darle al héroe arácnido ese toque especial que hace mucho tiempo supo darle el gran Sam Raimi.

Coche Policial se cocina a fuego lento, se toma el tiempo para desarrollar cada una de las escenas, con una cámara muchas veces fija y con planos abiertos que configuran una fotografía agreste y pueblerina, aunque no apostando por lo espectacular (como sería el caso de La Isla Mínima, por ejemplo) sino resaltando lo monótono y lo aburrido. Y es que es en el seno de ese Estados Unidos rural, aburrido, lento, torpe y hasta retrógado, a donde el director quiere llevarnos; es donde dos niños no muy brillantes harán un hallazgo que a sus ojos y en su contexto es extraordinario: un coche de policía abandonado en medio de la nada. Conocemos esa fascinación por lo prohibido y más por ostentar aunque sea nominalmente ese poder superior que las fuerzas de orden parecen tener, por lo que podemos entender más o menos lo que estos niños terminan haciendo, más allá que sólo en su particular visión del mundo era un plan que podía resultar bien. Y sobre todo si el dueño de ese coche no es lo que esperaban.


El villano de esta película acaba siendo un policía corrupto y sin escrúpulos, metido de lleno en algo ilegal que viene a ser interrumpido por el misterioso secuestro de su coche. Ante la posibilidad de que haya más detrás de esto que dos chicos que no tenían nada que hacer, comienza su carrera por la supervivencia, lo que deviene en un auténtico show por parte de Kevin Bacon que se ocupa de pagarle el ticket al espectador más dubitativo. Cada gesto, cada flexión, cada movimiento de su cuerpo resulta brillante; Watts apuesta por los travellings y la carretera desolada para que el actor se encuentre sólo ante la cámara y se luzca totalmente. El poco diálogo ayuda a que la actuación sea muy física y el director aprovecha al máximo este aspecto tan saliente de Bacon para conseguir este personaje a medio camino entre la caricatura y la realidad. Los niños pasarán a un segundo plano casi siempre que Bacon tome la batuta, pero Watts no se olvida que son los protagonistas y nos guarda un emotivo final que en un principio parece algo impostado pero que toma fuerza si hemos seguido con atención las pistas que va dejando el film y las ocultas motivaciones de los niños. Y es que Cop Car al final del día demuestra tener su corazoncito, muy en el fondo y tapado por kilos de mala baba, e intenta que sientas que el viaje de sus personajes no ha sido sólo un poco de diversión macabra. Pero si al final sólo has visto lo macabro y te has perdido lo demás, tampoco importa tanto.


En el medio, el humor negro y la explotación del elemento fatalista hacen aparición al mejor estilo de los hermanos Coen, demostrando Watts que sabe maltratar a sus personajes para el sádico entretenimiento del espectador. Si bien esta seña de identidad ya la veíamos muy marcada en Clown, aquella estaba más cerca del cine de Sam Raimi y, otorgando mucho, de los Coen más desatados; Coche Policial se inscribe más en la línea de Fargo y No es País para Viejos: es una película que sabe ser divertida en un terreno de indudable tragedia.


Sin ser una película perfecta, todas las piezas de este Coche Policial ensamblan a la perfección para lograr su objetivo y ponen decididamente a Jon Watts en el mapa de directores a seguir. Por supuesto que esperamos que su futuro no sea sólo en Marvel, donde inevitablemente deberá ceder mucho de sus rasgos autorales, sino que siga con el camino engendrado con sus dos primeros largometrajes y vuelva a sumergirnos una vez más en su nada piadoso universo cinematográfico.

7/10

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