lunes, 5 de octubre de 2015

Yo, él y Raquel. Las ventajas de ser un marginado.

Título original:
Me and Earl and the Dying Girl
Año:
2015
Fecha de estreno:
09 de octubre de 2015
Duración:
104 min
País:
Estados Unidos
Director:
Alfonso Gomez-Rejon
Reparto:
Thomas Mann, RJ Cyler, Olivia Cooke, Nick Offerman, Connie Britton, Molly Shannon, Jon Bernthal
Distribuidora:
Fox



Cuando una película consigue perdurar en tu memoria mucho tiempo tras haberla visto. Cuando una película consigue hacerte reír a carcajadas y emocionarte hasta la lágrima. Cuando sientes reales los personajes de una película y te conmueven sus historias. Cuando la banda sonora se repite una y otra vez en tu cabeza. Cuando los planos y movimientos de cámara te transmiten sentimientos. Cuando unos diálogos logran ser ingeniosos, divertidos y tristes sin resultar impostados. Cuando sabes que la volverías a ver mil veces y no perdería un ápice de frescura ni de calado emocional. Cuando todo eso ocurre, sabes que estás ante una de las elegidas. Una película que pasa de manera inmediata a tu lista de favoritas, de imprescindibles. Yo, él y Raquel  tiene todas las papeletas para entrar en esa lista.


¿Por qué? Porque a pesar de su apariencia de simple viaje iniciático hacia la madurez -ese tema tan recurrente en el cine y en la literatura-, Yo, él y Raquel (una fea aunque entendible traducción del título original Me and Earl and The Dying Girl, con tal de mantener la rima) argumenta su discurso y su envoltorio con rasgos distintivos. Como ocurriera en Las ventajas de ser un marginado o en Bajo la misma estrella, basa su fuerza en la construcción de unos personajes atrayentes, cautivantes. Mordaz, con un humor negruzco, ingenioso, honesto y muy inteligente -rasgos similares al Gus de Ansel Elgort-, Greg es el protagonista de esta historia. La historia de su último año en el instituto y cómo dejó de ser invisible para pasar el peor año de su vida. Toda una declaración de intenciones por parte del personaje que se presenta a sí mismo como un automarginado, alérgico a la palabra amigo, alguien que quiere pasar desapercbibido en el instituto sin pertenecer a ningún grupo, y tratando de llevarse bien con todos. Sólo tiene a Earl, a quien él llama compañero de trabajo porque se dedican a reinventar películas famosas. Está escribiendo su historia, la historia de ese último año y cómo entabló amistad, una amistad condenada, con Rachel, una chica diagnosticada con leucemia.

Aprovechando esto, la película está estructurada en distintos capítulos de títulos hilarantes. La comicidad de dichos títulos es sólo el aperitivo antes de degustar una dramedia impregnada de frescura, naturalidad y ligereza de la acción. La resolución de los diálogos, ingeniosos y con chispa, balancean el tema hacia la comedia durante su mayor parte del tiempo aunque el fantasma de la muerte planee sobre la chica. Y esto no significa frivolizar la muerte, nos encontramos ante una película de humor excéntrico -a lo The Royal Tenenbaums- que mesura sus elementos de drama, para tocar la fibra sensible cuando corresponda.


El cuasi debutante Alfonso Gomez-Rejon dota de su personalidad a la cinta que se ha convertido en la sensación indie del año desde que en enero ganara los premios del público y del jurado en Sundance. Gomez-Rejon no oculta sus pretensiones cools en cuanto a la estética, los planos "imposibles" y los graciles movimientos de cámara. Si a esto le unimos la excentricidad y el patetismo de sus personajes, no resulta en vano la comparación con Wes Anderson. Estos personajes viven gracias a las magistrales interpretaciones de su joven reparto, encabezados por un adorable Thomas Mann (Project X) como Greg, un sorprendente RJ Cyler en su debut cinematográfico como Earl y una dulce y frágil Olivia Cooke (Ouija) como Rachel, the dying girl.

Abrazados a la ternura despedida por Yo, él y Raquel, acompañamos a Greg en su trayecto hacia el crecimiento personal durante menos de un año. En este tiempo, se producirá en él un cambio de actitud, aprendiendo de Rachel, asomando su cabeza a un mundo hasta ahora autobloqueado para no acabar herido emocionalmente, cuando sentía las ventajas de ser un marginado. Y en este viaje agridulce, el espectador se queda con un poso final de conmoción. Gomez-Rejon ha logrado una implicación espectador-personajes en su reflejo de la adolescencia que también funciona como ejercicio nostálgico para el público más adulto. Y cómo no mencionarlo, también es un homenaje al cine de autor personificado en las descacharrantes e inventivas parodias de Greg y Earl. Harán las delicias de los más cinéfilos- nada más y nada menos que 42 títulos parodiados.

9/10

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