jueves, 1 de octubre de 2015

Jack. Un niño coraje.

Título original:
Jack
Año:
2014
Fecha de estreno:
02 de octubre de 2015
Duración:
103 min
País:
Alemania
Director:
Edward Berger
Reparto:
Ivo Pietzcker, Georg Arms, Luise Heyer, Nele Mueller-Stöfen, Vincent Redetzki, Jacob Marschenz
Distribuidora:
Karma



Las infancias -o adolescencias- arrebatadas con prematura anticipación son frecuentadas con asiduidad en el cine de carácter más comprometido socialmente. El alemán Edward Berger ha querido seguir con Jack la estela de otros directores con gran bagaje en el tema como los hermanos Dardenne -narrativamente Jack bebe mucho de los belgas- o como Koreeda en Nadie sabe, película con la cual encontramos similitudes evidentes en el argumento: una madre ausente, niños tratando de salir adelante o adultos ciegos ante una realidad próxima.

El peso de Jack lo lleva el niño de diez años homónimo. Su madre es una veinteañera irresponsable, con el síndrome de Peter Pan. Quiere mucho a sus hijos pero también quiere divertirse y por eso les descuida. Jack ejerce de madre y padre para su hermano menor Manuel -tal y como nos muestran en su cotidianidad-. Accidente doméstico mediante, los servicios sociales hacen acto de presencia y ambos hermanos acabarán lejos de su madre. Jack es internado en un centro de acogida esperando las vacaciones para que su madre le recoja. Sin embargo, ese día nunca llega y decide escapar, llevarse a su hermano Manuel, y salir en búsqueda de su madre a quien no logran encontrar nunca en casa. Duermen en la calle, se las ingenian para comer algo y así, Edward Berger focaliza la acción en la realidad social del abandono infantil, tal y como hizo Koreeda en Nadie sabe.


Y el título nipón no podía ser más acertado incluso para Jack. Nadie parece darse cuenta de que esos dos niños, merodeaores frecuentes todos los días de las calles berlinesas buscando a su madre, están solos. Es la perenne ceguera de la sociedad ante un problema que no les pertenece. Y Berger, imitando el estilo narrativo semidocumental de los hermanos Dardenne, incide con su cámara en el protagonismo de los personajes. El peso recae en Jack interpretado por el debutante Ivo Pietzcker quien, con su mirada de determinación y de odio hacia el mundo con un poso de amor hacia su hermano y hacia su madre fantasma, consigue transmitir la desolación y el desamparo de su situación. Su hermano pequeño Manuel, el también debutante Georg Arms, sorprende como ese pequeñín desorientado. Luise Heyer, como la madre de los dos niños, tiene el papel más feo. La escritura de su personaje, a menudo, se siente irracional con esa volubilidad afectiva hacia sus hijos.

Dura y sin ornamentos (por eso la han comparado con el cine de los Dardenne), Jack huye de sentimentalismos innecesarios. Seguramente por este motivo Berger había evitado el acompañamiento musical. Sin embargo, esa "norma tácita" se la salta en dos escenas clave con el propósito de remarcar la soledad del protagonista; cuando Jack es consciente de su propia soledad -al escapar del colegio porque su madre pasó de él- y cuando cree haber perdido a su hermano en el centro comercial. Ambas escenas desentonan en el conjunto y le restan el verismo de pseudo-documental mantenido por la película hasta entonces.


Aún así, Jack supone otro bofetón para las sociedades modernas, tan acostumbradas a pasar de los problemas de los demás. Edward Berger, en su retorno al cine tras años dedicado a la televisión, se suma a la ola de cineastas comprometidos con un entorno cuasi invisible tratando temas espinosos. Y siguiendo las comparaciones, no podemos olvidarnos de la reciente Sister, de Ursula Meier, con la cual comparte muchas características formales y argumentales. Un niño obligado a sobrevivir, a tener responsabilidades, a madurar antes de tiempo porque su referente materno (o hermana mayor) es incapaz de aceptar y de afrontar su papel en la vida. Si la película de Meier era necesaria para entender las desigualdades de la próspera Suiza, Jack pone de manifiesto las deficiencias alemanas para asumir la tutela de un niño -se escapó, y no consiguen dar con él. El demoledor final no es más que la guinda en la toma de decisiones de ese niño coraje y, a su vez, adulto precoz. 

 
7/10

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