jueves, 10 de septiembre de 2015

Una segunda oportunidad. En el límite del bien y del mal.


Título original:
En chance til (A second chance)
Año:
2014
Fecha de estreno:
11 de Septiembre de 2015
Duración:
105 min
País:
Dinamarca
Director:
Susanne Bier
Reparto:
Nikolaj Coster-Waldau, Ulrich Thomsen, Maria Bonnevie, Nikolaj Lie Kaas, Lykke May Andersen
Distribuidora:
Golem


Hay directores a los que conseguir un Oscar, más que un favor, parece una maldición, y Susanne Bier podría ser una de ellas. Tras películas como Te quiero para siempre, Hermanos o Después de la boda, fue con En un mundo mejor cuando en la gala de 2011 la Academia de Hollywood premiaba a la directora danesa con su estatuilla. Y, desde entonces, sus proyectos no han tenido el mismo empaque. Ni Amor es todo lo que necesitas ni Serena consiguieron levantar pasiones, y Una segunda oportunidad tampoco está destinada a ello.


La película presenta la frágil línea entre el bien y el mal y lo fácil que es pensarse mejor que los demás. Se nos presentan a dos familias, una la formada por un policía (Nikolaj Coster-Waldau, visto en El vigilante nocturno y en Juego de tronos) y su mujer; y otra por un yonki maltratador (Nikolaj Lie Kaas, visto recientemente en Misericordia y Profanación) y su pareja. Ambas tienen un bebé. Cuando el policía registre la casa de Tristan y Senna y descubra a su bebé en un armario, lleno de sus excrementos, su ideal sobre la justicia se verá alterado.

El problema principal que le veo a Una segunda oportunidad es que hay poco riesgo en la narración, la historia pide algo más turbio, que nos sumerja en lodazales mentales, para que las reflexiones que nos hagamos durante y tras el visionado no sean insustanciales. Pero aquí todo está muy manido y hasta estudiado que se siente poco veraz, por lo que no conmueve como debiera.
Incluso tenemos a un personaje, el amigo de Simon, el policía, protagonizado por Ulrich Thomsen que no sé muy bien qué aporta a la trama, le falta más desarrollo.


No hablamos de una mala película, pero sí de un drama (más que un thriller, la verdad) poco inspirado e inspirador, que nos intenta conducir a una reflexión a la que se le ven las costuras del guión, que no fluye de forma natural como sería lo normal. Al menos no se hace pesada, por lo que podría servir perfectamente como un entretenimiento pasajero, a pesar de que las intenciones de Bier sean otras y de que la interpretación de Nicolaj Coster-Waldau esté por encima de la película en sí misma.

5,5/10

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