martes, 14 de julio de 2015

True Detective 2x04: Down Will Come

Media temporada es suficiente para comenzar a hacer balance de si lo que estamos viendo merece o no la pena. Si es mejor dedicar el tiempo a otra cosa o buscar una serie que nos llene más. Los cuatro primeros capítulos de la segunda temporada de True Detective están dejando la sensación de que es una serie prescindible, ya que las cuatro horas invertidas hasta el momento no han entrado en la cuenta del tiempo dedicado a la época dorada de la pequeña pantalla. Lógicamente se ha construido un aura que puede ser suficiente para aquellos espectadores que quedaron atrapados por la investigación introspectiva de Matthew McConaughey y Woody Harrelson, pero no está funcionando de manera memorable.


La intriga en esta segunda temporada se presenta cada vez de manera más insustancial. La tensión y el interés por saber qué ocurrirá o cuáles son las razones de lo que vemos o las motivaciones de los personajes se van disipando con fuerza. Mientras que en los anteriores episodios se mantenía la cara oculta de los personajes de tal forma que el espectador quería asomarse a ese terreno oscuro, en este cuarto episodio queda confirmado que cuanto más nos muestran de los personajes menor es el interés que generan. Woodrugh merodea narrativamente sin mucho sentido, de una relación a otra, con residuos de su pasado que intermitentemente le afectan sin mayor importancia. Y parece que todo avanza por un túnel sin luces en el que los personajes están igual de perdidos que nosotros.

Estéticamente se mantiene un nivel notable, pero la credibilidad de algunos actores es más cuestionable. Semyon sigue tratando de revivir o asentar un imperio que parece importarle solo a él y la labor de Vince Vaughn no es tan reveladora como seguramente estarían pensando los responsables de casting cuando decidieron contar con él. El trío de policías sí que infunde más respeto, pero realmente su falta de credibilidad en algunos momentos tiene más que ver con el trabajo de Nic Pizzolatto. Los guiones ya no tienen esa chispa que le daba un toque diferente a la serie. Las palabras suenan falsas en ciertas ocasiones y tremendamente profundas y cargadas de sentido en otras, y el balance está cada vez más desproporcionado.

El artificio del final del segundo episodio se mantiene en la memoria, sobre todo por la falta de consecuencias de algo tan serio como una herida de escopeta a bocajarro. Lo mejor de este nuevo capítulo es el final cargado de acción, cuando la imagen  toma la palabra y los actores parecen tener más libertad para tomar a sus personajes. De todas maneras las explosiones y los tiroteos excesivos rompen con el ritmo pausado que se ha impuesto durante toda la temporada, así que resulta difícil reconocer el estilo que se quiere plasmar. Todavía queda la mitad de la temporada por delante, así que los personajes pueden ofrecer mucho más, ya que tienen todo el potencial para ello, pero si esta temporada hubiera sido la primera pocas cadenas se habrían peleado por emitirla.

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