lunes, 6 de julio de 2015

True Detective 2x03: Maybe Tomorrow

Cuando tienes un final como el del segundo episodio va a ser muy difícil estar a la altura en el siguiente, sobre todo cuando has tratado de impactar de la manera más efectista y después todo se resuelve con escasas consecuencias. Un fragmento onírico sirve de justificación para un acto que podría haber desembocado en algo similar a Psicosis, pero que se queda en un golpe de efecto. Pero si se deja de lado esa treta para captar la atención, con el tercer episodio la trama ha ido in crescendo, aunque todavía haya mucho por delante.


El mayor acierto de este nuevo capítulo es el reparto equitativo del tiempo que pasamos con cada personaje, unos minutos valiosos con cada uno que finalmente nos van sirviendo para conocerles mejor. Puede que la mayor preocupación de Velcoro siga siendo la custodia de su hijo, pero saber que hay una investigación centrada en él dará mucho juego a la hora de elegir cada uno de sus siguientes pasos, ya que hasta el momento parecía moverse con total libertad. Mientras que Frank sigue intentando inyectar vida a su decadente imperio, aunque este personaje siga sin consolidarse como un temible e implacable mafioso, y no será porque no intentan mostrarlo así. En estos tres episodios hemos seguido lo suficiente a Frank como para darnos cuenta de que no cumple con los estereotipos de líder de una organización criminal que podríamos ver en una película de Scorsese, sino que parece más pasivo, yendo de un lado a otro sin resolver realmente nada, aunque se ensucie las manos si hace falta.

Por otro lado, el personaje de Woodrugh, que era el más descuidado hasta el momento, recibe los suficientes minutos como para empezar a generar interés. Un compañero del pasado y la adicción a la bebida, que parece más una costumbre para Pizzolatto, siguen remarcando el daño interno de este personaje, del cual se nos van ofreciendo pistas poco a poco, pero ninguna lupa para observarlas de cerca y conectarlas. Por último, Ani sigue siendo la revelación. El mundo de la policía parece aún más machista que el del cine, con una actitud de ese tipo incluso procedente de las mujeres, pero el personaje de Rachel McAdams sigue desmarcándose como la mejor agente en el caso, aunque este no avance demasiado en cada capítulo. Lo más interesante de este personaje es su trama opuesta y paralela a la de Velcoro, ambos tienen intereses enfrentados, ambos tienen cuestiones morales acerca de los mismos, y están empezando a establecer una relación de confianza, algo difícil de vislumbrar en episodios anteriores, pero que aquí se está comenzando a afianzar.


El principal problema sigue siendo la frialdad y la distancia con la que se trata todo, aunque los primeros planos tengan una presencia para bastante frecuente. La atmósfera resulta artificial, algo que puede ser intencionado para identificarlo con el ambiente californiano, pero esa decisión sería un sacrificio importante de cara a llegar a sentir un mínimo de compasión por los personajes. Por lo menos cada una de las tramas va evolucionando de manera imprevisible, algo que servirá para que la intriga se mantenga intacta. Pero detalles como el cartel gigante de El francotirador –bien jugado Warner, justo a tiempo para promocionar la venta de dvds y blurays- dejan en evidencia la credibilidad de la serie, que parece estar volando del terreno de autor al del convencionalismo.

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