miércoles, 20 de mayo de 2015

Mad Max: Furia en la carretera. El loco de Miller se sale con la suya.


Título original:
Mad Max: Fury Road
Año:
2015
Fecha de estreno:
15 de Mayo de 2015
Duración:
120 min
País:
Australia / Estados Unidos
Director:
George Miller
Reparto:
Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult,  Hugh Keays-Byrne, Zoë Kravitz, Angus Sampson, Rosie Huntington-Whiteley,  Nathan Jones, Josh Helman
Distribuidora:
Warner


Max Rockatansky vuelve a la carretera. 30 años han pasado desde la última entrega de esta saga, Más allá de la cúpula del trueno, pero eso no ha evitado que, pese a haber sido un proyecto duro y que ha costado 15 años de ver la luz, ha llegado con fuerza y ya lleva recaudados 110 millones en todo el mundo, y eso que se estrenó el pasado día 15 de Mayo, por lo que a las fechas de escribir esto, ni lleva una semana completa de estreno. Lejos a lo mejor de cifras astronómicas como las de Los Vengadores: La era de Ultrón o Fast & Furious 7, donde ambas ya han pasado los 300 millones de recaudación y ahí siguen dando guerra, en cambio Mad Max: Furia en la carretera ha sabido ofrecer, pese a su indiscutible status de blockbuster, el alma del proyecto de donde surge: ese espíritu de serie B que hizo de Mad Max una trilogía de culto y referente para otras películas post apocalípticas. Y tampoco dudo de que esta Fury Road tiene elementos más que suficientes para conquistar a espectadores de todo el mundo y congregarles en gran admiración hacia el trabajo de George Miller.

Entre Mad Max: Salvajes de autopista y Mad Max: Furia en la carretera hay una diferencia abismal de presupuesto. De los 350.000 dólares de la primera a los 150 millones de la segunda. Y, la verdad, pocas veces se entrega en Hollywood esta cantidad a alguien tan mad y a la vez tan cuerdo como George Miller. Entre esto y los evidentes avances tecnológicos, más la experiencia adquirida tras 30 años, este último trabajo supone una gran redefinición a esta saga de acción, alejándose de la típica película palomitera en modo random. Aquí hay furia, nervio, tensión y gran sentido del ritmo escénico, tanto delante como detrás de las cámaras. Así, esta cuarta película sobre Mad Max trasciende la Ozploitation de donde procede, aunque contenga sus elementos en esencia. Este subgénero australiano de películas de bajo presupuesto marcaron la nueva ola australiana en el cine con títulos como Walkabout, Razorback, Despertar en el infierno, Los coches que devoraron París, Turkey shoot o la mencionada saga Mad Max, títulos sin los que no se concebirían posteriores éxitos en el cine australiano como Wolf Creek, El territorio de la bestia, Triangle o The loved ones.


Si bien ya os hablamos de la trilogía original de Mad Max antes del estreno de esta cuarta, tampoco está de más mirar aún más allá, al origen de la idea del primer Mad Max. Antes de ser director, George Miller estudió medicina (de hecho, reunió el dinero para Mad Max trabajando como doctor en emergencias), y como en Australia la cultura del motor es muy popular, veía a mucho joven heridos en accidentes de tráfico y que, lejos de lamentarse, muchas veces se vanagloriaban de hazañas hechas en la carretera. Esto dio a Miller en qué pensar, y así su debut en el largometraje, con un joven Mel Gibson recién salido de la escuela de interpretación, se convertiría en un mundo distópico donde salvajes se disputan la vida en las carreteras como si fueran bandoleros de un western sobre ruedas.

Ahora, Mad Max: Furia en la carretera llega como un reboot de aquella franquicia, sin asemejarse del todo a ninguna de las tres pero consiguiendo conservar la esencia de su carismático antihéroe y aquel devastado mundo como para merecer conservar su nombre. Miller quiene transportarnos a su particular concierto de ópera-rock. Para explicar esta idea, el propio Miller nos remite a la idea de hacer cine de Alfred Hitchcock de hacer películas que, en su concepto, se pudieran ver en cualquier parte del mundo sin necesidad de subtítulos. Esto lo compara George Miller con las grandes canciones, pues te transmiten sensaciones y vivencias sin necesidad de entender la letra en la mayoría de casos. Esta es su idea tanto con el primer Mad Max como con ésta y posiblemente la adrenalina y tensión que transmiten muchas escenas de la película sea universal para cualquier espectador del mundo. Con esto quizás se entienda que antes que el guión, Miller tuviera un storyboard de todo el proyecto. Y es que el enfoque del director se centra sobre todo en su fotografía y en ilustrar la historia mediante sus imágenes e imaginería. De hecho, los protagonistas no son muy elocuentes en discursos, sino más bien parcos en palabras.
Esta parquedad también afecta a la historia en sí, pues, al igual que en la cinta de 1979, aquí tampoco se nos inunda precisamente a información sobre el por qué de la situación en la que viven, de cómo llegó al poder Inmortan Joe o demás detalles sobre la Ciudadela, Miller no está preocupado en explicaciones innecesarias, sino que prefiere que sea el espectador el que vea y deduzca su funcionamiento, interprete e interactúe con lo visto. Pero ojo, esto no es despreocupación de su autor, de hecho George Miller tiene una “biblia” sobre el universo Mad Max con todos los detalles habidos y por haber para que todo tenga su sentido, pero prefiere que las imágenes hablen por sí mismas.


En Furia en la carretera, los depósitos de los coches se llenan con gasolina y los Hombres de la Guerra se llenan con sangre. Es un detalle bastante simbólico en este mundo delirante, un western-punk bizarro que asalta las retinas sin piedad alguna. La forma en que su estética visual impacta al espectador se me asemeja un tanto a lo que supuso en su día el 300 de Zack Snyder, solo que Miller el 80% de los efectos especiales que usa para la película son explosiones, decorado, especialistas y maquillaje reales, no digitales. Esto, quieras que no, aporta una viveza única a la película, y apuesto a que un aura más atemporal que otras películas contemporáneas de cara al futuro, y que compenetra muy bien con el concepto de un mundo donde todo se recicla, toda chatarra sirve como arma, carrocería o brazo mecánico. Este toque “rústico” y austero que caracteriza este mundo post-apocalíptico, juntado a la pasión por el motor hace que los coches de Fast & Furious parezcan para “nenazas”, esos coches pintorescos y nitros más de cara a la galería que a otra cosa, frente al metal, acero, arena y suciedad por todos lados.

Ahora bien, si por todo esto pudiera parecer un clima propio de hombres, la película ya se encarga de salirse de tal etiqueta gratuita ensalzando y poniendo de relieve la importancia de la figura femenina en su historia. Encabezada por esa Imperator Furiosa, la magna Charlize Theron que da tanta réplica a Max que acaba siendo la reina de la función por derecho propio. En contrapunto a la dureza y ferocidad de su personaje, tenemos a las Cinco Esposas, de belleza inmaculada y pureza impropia de tal mundo, a merced del podesoro Inmortan Joe que buscarán mejor fortuna al lado de Furiosa. Y, para poner la guinda a este festín de feminidad, están las Vuvalini, clan en el que la situación y el tiempo ha hecho mella, con mujeres de 60, 70 e incluso 80 años, pero que lejos de parecer desvalidas, darán guerra a lomos de sus motos. Quizás menos llamativo pero en absoluto desapercibido se encuentra Tom Hardy en su rol de Max Rockatansky, que tiene tanto la bendición de Mel Gibson como la nuestra. Sale victorioso del reto, y para la mente nos quedará cómo habría podido ser el Max de Heath Legder, quien rondó bastante el proyecto antes de su muerte. Nicholas Hoult (quien ultimamente se está haciendo bastante hueco en la industria) como Nux y Hugh Keays-Byrne como Inmortan Joe dejan también papeles para el recuerdo. También habría que sumar en el catálogo de personajes icónicos a Rictus Erectus y Corpus Colossus como hijos de Inmortan Joe, El comepersonas y el Recolectos de balas o uno de mis preferidos, The Doof Warrior (interpretado por iOTA), ese tío que toca la guitarra de doble mástil en el camión con bafles enormes y que le salen llamas de la misma (y ojo que esto tampoco es digital!).


Y si pintorescos son sus personajes, la salsa de Mad Max: Fury Road son sus escenas de acción, sus persecuciones extremas, que lucen tan espectaculares por los desiertos de Namibia gracias al sistema de Edge Arm, que ofrece la posibilidad de poner una cámara de forma segura en cualquier lugar, y permite obtener tomas realmente sorprendentes. Esto rompe con las limitaciones que había tenido Miller en las anteriores entregas de la saga y le da rienda suelta para retratar este viaje de ida y vuelta con esa locura que debe tener. Las numerosas escenas de acción están muy coreografiadas y estudiadas para su seguridad, hasta el punto que los 65 hombres que configuran el ejercito de Inmortan Joe son todos especialistas de acción que, en vez de suplantar a un actor en las escenas de riesgo, interpretan en todo momento a los Hombres de la Guerra. Las escenas que tanto quitaban el sueño a Miller con los hombres-pértiga muy al estilo de los viejos piratas saqueando barcos han acabado siendo un gran atractivo en la película, sin resultar un riesgo alguno para la seguridad de los hombres que las actúan, y no por ser precisamente efectos digitales, sino por un trabajoso sistema formado por una plataforma con forma de metrónomo invertido capaz de trabajar de forma fluida, suave y consistente; y una pértiga, que alcanzaba más de 9 metros de altura, que utilizaba como contrapeso un bloque motor situado en la base y colocado en el punto de apoyo, que podía adaptarse a diferentes artistas y movimientos. Un ejemplo más del gran trabajo tanto artístico como técnico que hay detrás de Mad Max: Furia en la carretera.

Y a todo este conjunto ya sólo le faltan dos elementos para conformar la gran ópera-rock del cine de acción de este 2015. Una es la banda sonora de Junkie XL, en perfecta sintonía con la película y sus escenas. Impactante y embelesadora. Y el otro elemento es lo que recogen estas palabras de Charlize Theron: “La película tiene pequeñas joyas para aquellos que hayan visto las películas anteriores y, a la vez, creo que Miller ha creado algo que tendrá una gran repercusión en una generación nueva que no creció viendo Mad Max. Eso es lo bonito de Furia en la carretera", que recoge la idea que adelantaba en el primer párrafo. Y es que si Mad Max de 1979 fue de culto, esta Furia en la carretera contiene elementos tan icónicos como aquella y que seguramente acabará siendo tan de culto con el tiempo como su predecesora.

Además, como colofón final, tampoco se olvida de los fans, y esconde pequeños guiños y/o detalles la anterior saga de Mad max, como son los V8, caja de música, los ojos saltones antes de la colisión (de hecho, es la misma escena de Mad max: salvajes de autopista), o el mismísimo Hugh Keays-Byrne (Cortaúñas en Mad max original y aquí Inmortan Joe). Todo un espectáculo, de los buenos, tanto para viejos como nuevos espectadores, y eso hoy en día no lo consigue cualquiera.

7,75/10

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