lunes, 30 de marzo de 2015

Convicto (Starred Up). La ultraviolencia como modo de vida.

Título original:
Starred Up
Año:
2013
Fecha de estreno:
01 de abril de 2015
Duración:
106 min
País:
Reino Unido
Director:
David MacKenzie
Reparto:
Jack O'Connell, Ben Mendelsohn, Rupert Friend, Sam Spruell, David Ajala, Peter Ferdinando, Anthony Welsh
Distribuidora:
La Aventura


El joven Jack O'Connell se ha presentado este último año como una estrella emergente. Sus trabajos en Invencible, '71 o Convicto han sido merecedores de halagos y premios. Centrándonos en Convicto, la película que ahora nos ocupa, el británico se deja el alma (y el cuerpo) para encarnar a un joven problemático que, con tan sólo 19 años (dos antes de lo normal) es transferido desde un centro de internamiento juvenil a la cárcel. La brutal interpretación de O'Connell es, posiblemente, una de las actuaciones del año. Qué pena que sea en una película “menor”.  

Jack O'Connell es Eric Love, un chico ultraviolento que ha crecido en un entorno viciado por la ausencia de un referente paternal. Cuando ingrese en prisión, se reencontrará con su padre Neville (el australiano Ben Mendelsohn) a quien no ve desde niño. Neville siente compasión por su hijo, quiere ayudarle para que calme ese temperamento visceral pero es incapaz de ejercer como padre, aunque lo intenta. Eric pronto atraerá la atención, para mal, de otros presos y de los corruptelas policiales. Además de su padre, Oliver (Rupert Friend) el terapeuta de la cárcel, pretende ayudarle a controlar su ira porque cree que el joven aún tiene una posibilidad de redención.

 
Eric se resiste a ser ayudado aunque acaba aceptando el tratamiento bajo la presión de su padre, la única figura autoritaria a quien parece tener cierto respeto. Y estos momentos de terapia grupal serán los encargados de hacer aflorar los matices más humanos del joven. Son prácticamente los únicos ratos de respiro que el director nos otorga porque David Mackenzie opta por un film directo donde la violencia campa a sus anchas. El minimalista estilo escogido, sin adornos en el decorado -tampoco arreglos musicales-, revestido de una iluminación en colores cálidos, en contra de los habituales tonos grisáceos de los dramas carcelarios, se conjuga con un lenguaje de jerga tan violento como los protagonistas. A todo esto hay que unirle el rodaje cámara en mano con lo que se consigue, en conjunto, el verismo esencial de una trama que busca el realismo a cualquier precio.

Pero esta autenticidad escénica sólo es el traje del verdadero propósito de la película: ahondar el la naturaleza de las relaciones intracarcelarias. Jonathan Asser escribió este, su primer guión llevado a la gran pantalla, basándose en su propia experiencia como voluntario en una cárcel. De ahí nace la necesidad de explicar cómo se conciben la relaciones entre los presos. ¿Y qué pasaría si una de esas relaciones fuera de un padre y un hijo sin apenas ataduras emocionales, más allá de los instintos innatos? En un ambiente repetitivo donde la monotonía del día a día se ve alterada por la irrupción de un post adolescente con brotes explosivos de rabia e ira quien, desde las humillantes escenas del principio de la película se muestra como alguien parco en palabras, sin aptitud para comunicarse y ser escuchado; un padre tendrá que aprender a ser padre.


Convicto, una película en la que también tiene cabida la denuncia a la autoridad extralimitada en sus funciones, debe gran parte de su éxito, aparte de a su naturaleza realista, a las interpretaciones. Ben Mendelsohn como ese tipo duro con matices de agotamiento y vulenerabilidad y, sobre todo, Jack O'Connell con su enérgico carácter y su portentoso físico. Convicto se puede definir en una sola frase: “violencia desmedida con trasfondo humanitario”.

7/10

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