jueves, 5 de febrero de 2015

Timbuktu. La realidad supera a la ficción.

Título original:
Le chagrin des oiseaux (Timbuktu)
Año:
2014
Fecha de estreno:
06 de Febrero de 2015
Duración:
97 min
País:
Mauritania / Francia
Director:
Abderrahmane Sissako
Reparto:
Abel Jafri, Hichem Yacoubi, Kettly Noël, Pino Desperado, Toulou Kiki, Ibrahim Ahmed, Layla Walet Mohamed
Distribuidora:
Golem


Si hay una sección especialmente interesante en los Oscars, esa es la categoría a mejor película de habla no inglesa. De allí muchos años hemos encontrado películas geniales de las que poco nos sonaban o, a veces, el empujón necesario para decidirnos a darles una oportunidad a películas que se viene hablando maravillas de ellas pero por una cosa o por otra aún no las hemos visto.
Pero, a veces también, los académicos nos la dan con queso y nos cuelan entre las nominadas “caprichos” que poco entendemos qué hacen ahí, o concesiones que parecen más políticas que cinematográficas. En este saco del infortunio se cuela Timbuktu, la película de coproducción francesa y mauritana sobre los sinsentidos de las organizaciones terroristas extremistas.

Abderrahmane Sissako, apoyándose en una situación real, teje una historia que bien campa entre ironizar con los despropósitos de las medidas de los yihadistas en la ciudad maliense de Tombuctú, y el drama que les afecta a las familias que quedan a la merced de estos tribunales islamistas. Se centra sobre todo en la familia de Kidane, que viven a las afueras de la ciudad con sus cabras y vacas. Pero cuando Amadou, un pescador de la zona mate a GPS, la vaca favorita de Kidane por meterse en su terreno, la tranquilidad de la que gozaban se vendrá abajo.


Timbuktu tiene como aliado y enemigo la misma realidad que intenta reflejar, puesto que sirve como “excusa” para catalogarla como cine-denuncia y gozar de esas concesiones típicas del las películas “necesarias” por su labor social, pero también se ve sobrepasada a sí misma por dicha realidad, haciendo valer la máxima de “la realidad supera la ficción” y así mermando su calado e interés.
La película funciona en su mayoría por la historia en sí, pero justo cuando llega a los momentos cumbre es donde paradójicamente se hecha a perder, con situaciones forzadas, predecibles y torpemente presentadas, que dejan al descubierto los hilos del entramado más sensiblero y panfletario.
Es uno de los grandes problemas en los que se puede caer tratando temáticas tan espinosas, no estar a la altura de las circunstancias y que los hechos queden poco naturales, y eso pasa precisamente (aunque no únicamente ahí) en la primera escena importante: la de la vaca GPS. Su muerte es cuanto menos ridícula, por cómo está montada la escena, y la riña posterior de Amadou y Kidane vuelve de nuevo a sonrojarme por la ingenuidad con que se muestra.

Hechos así me sacan del lado emocional de la película y me sitúan justo en el contrario, donde los “trucos” del guión que dirigen el mensaje (bienintencionado, sí, pero trucados igualmente) hacia la pornografía sentimental sobre un tema delicado como el tratado son tan patentes que por muy loables que sean las intenciones, no funcionan en absoluto. Tampoco funciona por la forma en que está contada, intentando contar varias historias pero sin incidir demasiado en ninguna, salvo la principal, lo que da la sensación de irse por las ramas y estirar la historia con subtramas mal desarrolladas. Si, además, detalles tan elementales como que si en una conversación se dice “tenía 7 vacas pero me mataron una, tengo ahora 6” y luego en escenas posteriores sigues sacando 7 vacas... la cosa ya no remonta. Estás totalmente fuera de juego. Pero aún le queda un as en la manga: meter escenas oníricas y personajes estrambóticos que no se sabe qué pintan en la trama, pero quedan muy de pro. Realmente, la escena del partido de fútbol sin balón es lo más destacable, estéticamente muy poderosa. Lo malo es que hay que sacarla de contexto para apreciarla, porque dentro de la película no fluye con naturialidad, está encorsetada. Pero sirve para que se diga que la película es poética y un canto a la libertad... Si es que ya se sabe, no existen malos productos, sino malos vendedores.


Es por ello que Timbuktu no merece más la pena que un anuncio de Intermon Oxfam, pues ambos denuncian una situación y tienen cierto valor social, pero artísticamente dejan mucho que desear. Y si, al menos, se hubiera jugado mejor con ese humor irónico de la situación absurda a la que se somete al pueblo, podríamos decir que aporta un matiz interesante y novedoso, pero este humor es tan blando y poco preciso que ni araña la superficie. Una película que nace humillada por la sombra de lo que intenta transmitir y nunca llega a ello, resultando obvio su recorrido desde los primeros compases.

5/10

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