miércoles, 28 de enero de 2015

Eva van End. Una familia de locos.

Título original:
De Ontmaagding van Eva van End
Año:
2012
Fecha de estreno:
30 de Enero de 2015
Duración:
98 min
País:
Países Bajos (Holanda)
Director:
Michiel Ten Horn
Reparto:
Jacqueline Blom, Freerk Bos, Frans de Wit, Abe Dijkman, Flip Filz, Rafael Gareisen, Ton Kas, Giam Kwee, Vivian Dierickx
Distribuidora:
Paycom


Un tema que da mucho juego en el cine, tanto para comedias como para dramas, es el de las familias desestructuradas. Películas recordadas como Pequeña Miss Sunshine, Celebración, Los Tenenbaums o la reciente Mommy han tratado el tema, cada una a su estilo y todas muy estimables. Y Eva van End tenía todo a su favor para confeccionar una película de este estilo, pero no me ha convencido ni como comedia negra ni como puro drama y es una pena cuando hay materia prima pero no se sabe explotar.

Por un lado, tenemos a la niña que da título a la película Eva. Es curioso, porque pese a esto no tiene un mayor protagonismo que el resto de los familiares. Es la culpable de traer al elemento “extraño” a la familia que les revolucionará, eso sí, pero uno hubiera esperado un papel más destacado. Eva es introvertida, con un complejo de inferioridad bien marcado, tanto dentro de su familia, que la ignora bastante, como en el colegio, por sus compañeras más agraciadas físicamente, las populares, vamos. El hermano mediano, Manuel, es un bala perdida, un asocial que va de malote, por algún trauma interior que tampoco queda muy claro en la cinta. El hermano mayor, Erwin, es el más centrado, en teoría, pero cuando llega el estudiante alemán, le surge de la nada un complejo de acné y una homosexualidad oculta no muy bien perfilada. El padre, Evert, de repente se obsesiona con ayudar a un niño africano, mandándole dinero para que tenga su propia producción y medio de subsistir en su país. Una obsesión absurda pese a que sus compañeros de trabajo le dejan patente que “estos niños son muy timadores”. La película nunca aclara si de verdad fue un engañabobos o no. Y la matriarca, la sobreexplotada Etty, que decidirá por consejo del nuevo inquilino que debe crearse un rincón para sí misma, su espacio. También se juega a una especie de fijación con el alemán que nunca se llega a explotar del todo.
Y, por último, tenemos a Veit, el estudiante alemán de intercambio, de apariencia angelical y "cool" que poco a poco influirá en la familia, alterando su rutina. Un personaje que podría haber dado más juego (como todos, vaya) pero que se conforma en jugar a la doble cara de la apariencia, mostrado además con poca enjundia.


Como se puede vislumbrar por este sencillo retrato de los miembros de la familia van End, las principales carencias de la película vienen por un guión que no perfila bien a sus personajes, cuando la película simplemente intenta centrarse en las situaciones dispares de éstos y su curiosa relación como familia. Y, lamentablemente, los personajes ni funcionan como miembros separados y mucho menos como conjunto, pues todos crean rechazo en el espectador, de la mayoría ni entendemos las motivaciones y no quedan más que meros esbozos de personalidades arquetípicas. Y en una película de estas características, tener personajes con tales fallas te la hecha por tierra.

A este grave problema, hay que sumar que Michiel Ten Horn no agudiza el relato lo suficiente como para que el humor negro tenga chispa, y mucho menos como para funcionar como mero drama, por lo que la película queda en tierra de nadie, con personajes poco logrados y, por suma de sus elementos, una película de poco calado. Quizás los fans de Todd Solondz menos exigentes puedan quedar medianamente satisfechos, pero es evidente que la dirección Ten Horn no tiene la calidad del estadounidense.

4/10

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