lunes, 8 de diciembre de 2014

Hombres, mujeres y niños. Disonancia cargada de emoción.

Título original:
Men, Women and Children
Año:
2014
Fecha de estreno:
12 de diciembre de 2014
Duración:
116 min
País:
Estados Unidos
Director:
Jason Reitman
Reparto:
Adam Sandler, Jennifer Garner, Rosemarie DeWitt, Emma Thompson, Judy Greer,  Ansel Elgort, Kaitlyn Dever, J.K. Simmons
Distribuidora:
Paramount


Una extraña disonancia se manifiesta en el último trabajo de Jason Reitman, Hombres, mujeres & niños. Por un lado, reconocemos ciertos trazos propios de su autor (algo del cínico sarcasmo que acompañó sus primeras películas) en ciertos personajes pero, por otro lado, el mensaje transmitido cae del lado cursi, por su blandura. Hay quienes ya apuntaban a decepción con su anterior largometraje Una vida en tres días, también estrenada este año en España, porque no sabía ahondar en los sentimientos de sus protagonistas. Y esos mismos tachan su nueva película de sentimentalismo barato. Quizá tengan razón y yo sea de las pocas que vayan a defender Hombres, mujeres & niños aún con sus muchos defectos. 

Y la principal razón para defenderla es que me ha conmovido. Reitman saca el lado más humano de sus personajes en una historia cuyo componente crítico podría haber sido más explotado. Esto es, al principio parecía una crítica a cómo la tecnología- más extrapolado aún, las redes sociales- nos consumen. Con Internet, las relaciones interpersonales se han vuelto más complejas con un componente de distanciamiento corporal que un aparato no puede suplir (o si, que se lo digan a Joaquin Phoenix). Sin embargo, este punto de partida pasa a un nivel secundario para mostrar las verdaderas frustraciones y adicciones, más allá de Internet, de las personas; temas universales en la literatura y en el cine: amor, sexo, enfermedades como la anorexia, sobreprotección paternal, etcétera.


Jason Reitman y Erin Cressida Wilson adaptan una novela de Chat Kulgen a modo de película coral, con los riesgos que eso implica. En este caso, han salido mal parados al no saber dotar de la misma importancia a todas sus historias ni haberlas sabido hacer converger con naturalidad. Todas conectan por algún personaje. Tenemos a varias familias de clase media que, de un modo u otro, están enganchados a Internet. Adam Sandler y Rosemarie DeWitt encarnan a una pareja desencantada con el sexo que en Internet hallará una salida. Sandler fue un adicto a la pornografía, igual que su hijo adolescente, incapaz de mantener una relación real con su compañera del instituto. Esta compañera está muy sexualizada en parte por culpa de su madre, Judy Greer, quien regenta la página web de su hija con fotos provocativas. Greer se enamorará del padre de Ansel Elgort, un adolescente adicto a juegos de rol que se ve convertido en un paria por abandonar el equipo de fútbol. Elgort se verá atraído por una compañera, Kaitlyn Dever, también marginal ya que su madre, Jennifer Garner, controla su mundo cibernético hasta límites enfermizos. Y mientras tanto, hay por ahí otra adolescente, amiga de los anteriores, que sufre anorexia y la acrecenta en foros sobre el tema.

El abanico de temas es muy amplio para abarcarlos con contundencia. Por eso, el resultado final dista de ser un compuesto homogéneo sustancial. Algunas historias prácticamente quedan en la mera anécdota y ni se resuelven -la anoréxica, el hijo pornoadicto-, otras se cocinan a medio gas -los padres libertinos- y, con diferencia, la de Elgort y Dever sobresale de las demás. Componen un drama romántico sobre dos inadaptados que suponen el eje de la película. Reitman sabe de la magia de Elgort (lo demostró en Bajo la misma estrella) y explota esta historia erigida como la más emocionante, conmovedora y profunda de la cinta. No nos olvidamos, por cierto, de mencionar la horrenda caricatura perpetrada por Garner, una actriz muy limitada que encima tiene que lidiar con un personaje exagerado. Así se explica su esperpéntica aportación en esta película.


Al final, Hombres, mujeres & niños olvida sus pretensiones críticas hacia la esclavización de la tecnología -y mira que empezó con ingenio con esos textos sobrepuestos sobre las cabezas- para centrarse en el componente humano. Previsible, moñas y sensiblera, con esa cargante narración en voz inicial a cargo de Emma Thompson para tratar de componer una fábula; cuando el espectador se olvida, como Reitman, de ese Internet omnipresente, conecta a nivel emocional. La historia se tiñe de inmensidad gracias, sobre todo, a la subtrama de Elgort y su alegoría con el universo. Somos una mota de polvo (infinitos dentro de otros infinitos, como decían también en Bajo la misma estrella) e importa nuestro entorno, lo que podemos sentir, el amor y, por qué no, cómo somos capaces de emocionarnos con esta película.

6,5/10
 

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