sábado, 8 de noviembre de 2014

Águila Roja, capítulo 78: Huracán abatido

Cuando parecía que en Águila Roja se habían olvidado de sus protagonistas, de su verdadero drama, de esa trama principal tan rocambolesca y tan de llorar sobre los orígenes de Gonzalo, su madre muerta-viva-muerta, sus hermanos incestuosos sin saberlo. Cuando todo eso quedaba tapado por los escombros de un guión hecho a oscuras, repleto de repetidas historias de heroicidad algo mediocres. 


Cuando queríamos una puerta entre tanta ventana, nos la dieron. Nos la han dado bien grande, y bien abierta. El capítulo de esta semana de la serie no sé si logra hacernos olvidar tanta curva y tanto requiebro en la vida de nuestros personajes, pero sin duda marca un punto de inflexión casi espontáneo. Después de tanta paja, damos con una aguja, que pincha y hiere y sangra. ¿Por qué ahora? ¡ALERTA SPOILER!

El episodio anterior parecía uno más, otro con sus situaciones límite, sus dramas y carencias. Lo más notable, ese beso de amor entre Hernán y Lucrecia. Éste será todo un torbellino de emociones para el Comisario, además casi literalmente. 

En esta ocasión, un viento fuerte azota la Villa. Sí, un tornado en Madrid. Son de estas cosas que bueno, pasan cada cierto tiempo. A los guionistas se les va la cabeza del todo. Aunque eso en Águila Roja ya lo hemos visto antes. El destino es caprichoso y hace que una ráfaga de viento entre en la guarida de nuestro héroe y lance al exterior un documento sin igual: un pequeño croquis del -auténtico- árbol genealógico de Gonzalo.

Lo siguiente no es sino todavía más extraño. Dos carruajes que se cruzan. En uno, el Neng vestido de noble. En el segundo, un arcón que se precipita al suelo y queda abandonado, en el que podemos ver a Alonso. Margarita en un convento. Y Lucrecia y Hernán dándoselo todo en Palacio cuando el viento rompe la ventana y un cristal hiere a la Marquesa. No, este capítulo de la serie no es uno más.

Águila Roja se ha propuesto "rescatar" a Margarita de un futuro de entrega en exclusiva a Dios. Supongo que su cuñada solo se prestará si el maestro le ofrece uno mejor a cambio. Una vez sentada la base de la misión de Gonzalo del episodio, la serie nos presenta a un nuevo invitado. Pero ah, los detalles. El viento a conseguido arrebatar al Rey su sello, con el que firma los documentos. Y este es un dato que nos hace falta para después. El invitado no es otro que el Neng, ni sé ni quiero mirar su nombre. ¿Consigo librarme de Pedroche y ahora esto? Hace de un primo del Rey, a palabras del Cardenal "tonto".


Era asistente del cónsul en Inglaterra, hasta que incendió el castillo de Windsor. Yo de ese incendio me acuerdo, ¿o era una torre en Madrid? Nevermind. No es la primera que monta, pero en esta ocasión casi conlleva una guerra. Harto, su primo le ha mandado ejecutar, pero casi que no se note mucho. Está de enhorabuena, su sello lo ha encontrado Satur. Aunque no lo sabe. ¿Se lo devolverá?

En Palacio, Lucrecia ha conseguido salvarse, otra vez, por los pelos. Además se le ha ocurrido una idea muy loca: cultivar chocolate en África. ¿Sería ella la precursora? De todas maneras, en una escena tan aleatoria como esa, es cuando uno de los secreto más importantes de Águila Roja se descubre a ojos de su principal implicado. El papel que había volado de casa de Gonzalo, mágicamente, entró por aquella ventana y ahora Hernán lo está leyendo. Lo mejor de todo es que el maestro se escribió en el papel en tercera persona, así que el Comisario ya tiene a alguien a quien ir a preguntar, porque aparentemente no habrá más Gonzalos en Madrid.

El Águila sale en busca de su hijo, que no aparece. En vez de encontrar a Alonso, se encuentra con el primo del Rey y con unos jinetes encapuchados que, aunque parece que van a por el noble, en realidad atacan al maestro. Satur no piensa devolverle el anillo a Felipe IV, de hecho, va a ayudar a la gente del pueblo con él falsificando documentos. Ya la está liando. Por su parte, la Marquesa no consigue apoyos para su viaje empresarial a África.

Un enmascarado Hernán, inyecta a Gonzalo un líquido con el cual pretende que le diga la verdad. Le cuenta que su madre se llamaba Laura, que su hermano es el Comisario y le quita la máscara. ¡Tachán! 78 episodios y, por fin, tenemos reunión familiar. Águila Roja queda inconsciente y no recordará nada. Parece que Hernán le va a matar pero se carga al que le ha dado el líquido. No puede haber testigos de esa conversación.


En pleno bosque, el primo del Rey encuentra a Alonso y lo saca de la caja. Son estas las casualidades que tanto nos gustan, ¿verdad? Además, nada más liberarle, aparece el encapuchado que le envió Felipe y le mata de un disparo. ¿O no? No. Saturno le encuentra cuando regresa de robarle al Rey el trigo con su sello y no duda en ayudarle. Resulta que un retrato enmarcado le ha salvado la vida, como en las películas. Sin embargo, se da cuenta de que Satur tiene el sello real, y obviamente empieza a maquinar como apropiarse de él.

En Palacio, a Lucrecia unos desconocidos le dejan claro que se olvide de plantar cacao en cualquier parte. Gonzalo, por otra parte, regresa a su casa resacoso perdido. ¿Cuánto le están drogando esta temporada no? En el bosque se encontrará con su hermano, y con un huracán (WTF!), que luego arrasará Madrid. Es como la película El día de mañana, pero en el siglo XVII. Una movida muy chunga.

Margarita está a punto de ser monja del todo, aunque en el convento tienen una buena montada. Alonso trata de convencer a su tía para que no se ordene pero unos hombres les retienen. Al final, as usual, será Águila Roja quien les saque de allí. A Alonso, Margarita decide quedarse. Ni en un convento está esta chica a salvo. Satur logra salvarse por los pelos de la guardia real, eso sí, tienen a Cipri por lo del sello. Y el Comisario, que estaba desaparecido, llega a casa de Gonzalo medio muerto por culpa del tornado. Un final de infarto, sin duda.

Opinión


Este capítulo de Águila Roja lo tiene todo. Sin embargo, me deja a medias. Sí, es un gran paso que Hernán sepa que es hermano de Gonzalo, pero falta algo. El maestro no sabe que el otro lo sabe, pero ahí había cabida a una conversación, a un paso adelante, a algo de luz. Un minuto ideal de reconocimiento mutuo, para bien o para mal. De preguntas o respuestas, pero un minuto que -todavía- se han guardado.

La historia del primo de Felipe IV ha resultado caótica. Otro conjunto bastante corregible de meras casualidades y peripecias. Y la figura de Alonso, tan denostada, tan de relleno formal y simpático puente involuntario. Que si no está tampoco pasaría nada. E Irene, que no ha aparecido, y Nuño, al que al menos llamaron ese día para trabajar. ¿Cómo os parece a vosotros que avanza Águila Roja?


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