viernes, 28 de febrero de 2014

Joven y bonita. Melancólico despertar sexual.

Título original:
Jeune et jolie
Año:
2013
Fecha de estreno:
7 de marzo de 2014
Duración:
95 min
País:
Francia
Director:
Françios Ozon
Reparto:
Marine Vacth, Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot, Charlotte Rampling, Johan Leysen, Fantin Ravat, Nathalie Richard
Distribuidora:
Golem


Con la estupenda En la casa, François Ozon exploró el universo adolescente a través de un chico manipulador, que jugaba con el poder de la imaginación a su antojo. Poco más de un año después, nos presenta otra película enfocada en el mundo de la adolescencia sólo que esta vez la protagonista es una chica de 17 años sumergida en pleno proceso del despertar sexual. En Joven y bonita, Ozon se centra en una etapa de la vida a menudo vista por nostalgia en el cine pero, para el director galo, ésta fue una época difícil, dolorosa, marcada por los cambios corporales y hormonales. Por eso, en su última película, el francés lo refleja y nos introduce en la vida de una adolescente infeliz, solitaria, incomunicativa, incapaz de sentir en medio de su transición hacia la madurez (sexual).

La protagonista, llamada Isabelle, pierde la virginidad durante las vacaciones del verano que cumple los 17 años. Durante el acto sexual, se muestra fría y distante, desdoblada, sin sentir placer. Llega el otoño e Isabelle se dedica a la prostitución sin el conocimiento de sus padres ni sus amigos. Aprovecha su belleza, su juventud, su sensualidad y su insensibilidad para tener encuentros sexuales con hombres bastante mayores que ella. Entre sus clientes, se encuentra Georges, el único con quien establece una especie de vínculo emocional. 
 

¿Qué lleva a una guapísima adolescente proveniente de una familia de bien, sin una mala relación con sus padres, a prostituirse? En primer lugar, Ozon realiza una película sin explicaciones, sin respuestas, sobre la actitud de su protagonista. Una acertada elección ya que nos permite andar de la mano de Isabelle en su día a día sin juzgarla moralmente. De hecho, cuando llega el otoño, la chica ya está inmersa en la prostitución tras una elipsis con la cual Ozon deja abiertas distintas opciones para que el espectador complete a su manera.

La elección de una estructura circular para la fluidez de la narración, se marca con la división de la historia en las cuatro estaciones, estableciendo una continuidad repetitiva, de cierre de un ciclo. La acción comienza y acaba en el verano si bien, esta división narrativa no funciona con la fuerza necesaria como historias independientes ya que la historia fluye como un todo lógico y continuo en el devenir de los acontecimientos. Las canciones de Françoise Hardy también influyen en cómo está narrada la película pues subrayan las emociones: bien expresan una idealización del amor adolescente o bien actúan como ironizador.

Quizá la escena más llamativa a nivel formal sea la del recital del poema de Artur Rimbaud cuyo significado profundo con el tema central de la película, crea un aura mística. Además, esta escena es una escena real, sin artificios. Los jóvenes son estudiantes de verdad que no están actuando y simplemente comentan los sentimientos que le transmite Rimbaud. La seriedad no existe a los 17 años, en una etapa de experimentación, de crecimiento personal y emocional, de buscarse a uno mismo. Como hace nuestra Isabelle.


Nuestra joven y bonita Isabelle está encarnada magistralmente por la preciosa Marine Vacth quien dora a su personaje de un cariz misterioso, sensual, controlador y melancólico en su viaje a probar algo excitante dentro de una vida infeliz pues es incapaz de mostrar sus sentimientos. La prostitución supone para ella su búsqueda de identidad y de rebelión en secreto. Ha tomado un camino distinto a otros adolescentes que prefieren experimentar con las drogas, por ejemplo.

Porque Isabelle, como ella misma explica, no obtiene placer sexual de sus citas. Para ella la diversión deriva del misterio, de cómo serán sus clientes, del camino hacia el encuentro. Le excitan estas fantasías que la alejan de la realidad y la mantienen inmersa en esta doble vida. Sólo Georges, con quien establece un contacto íntimo, una relación de ternura más allá del sexo, le permitirá plantearse algunas cuestiones, sobre todo cuando conoce a la mujer de éste, en un encuentro inesperado que la liberará de la sensación de culpabilidad.

Ozon transmite en su película la odiosa fragilidad de la adolescencia. Es un período complicado, donde uno se siente como un cristal apunto de romperse, tan vulnerable y desprotegido ante la sociedad. El final de la película – tranquilos, no caeremos en spoilers -, cierra un ciclo vital para Isabelle y su despertar sexual.

7/10

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