lunes, 6 de enero de 2014

El último de los injustos. Shoah: anexo.



Hay películas cuya fama es mayor al número de gente que las ha visto.
Un buen ejemplo de esto sería ese par de películas que son las “eternas pendientes” de muchos cinéfilos debido a su extremadamente larga duración y lo personales que son: Sátántangó y Shoah.
La primera, de 6 horas y firmada por el inconfundible Béla Tarr, la segunda de 9 horas, el más famoso y recomendado documental sobre el Holocausto Nazi, de Claude Lanzmann.
Centrándonos en Shoah, el aura que le acompaña es el de documental “imprescindible” tanto por lo que se cuenta como por la forma de hacerlo. Y es que la recopilación de entrevistas de primera mano, documentos y testimonios inéditos hasta la fecha hacen que se pase de la imaginación a la recreación del mismo horror del que se habla.
Justamente de una de esas entrevistas descartadas nace El último de los injustos, un documental que podría decirse complementa a Shoah, dando la visión de Benjamin Murmelstein, el último presidente del Consejo Judío del campo de concentración de Theresienstadt y el único que logró vivir para contarlo.


Indudablemente, por su extensa duración (3h 40') es una película que requiere de la predisposición del espectador y de su paciencia. Es decir, si no te interesa el tema a tratar, es absurdo ponerse a verlo, ya que no hay un virtuosismo técnico de composición de planos y demás que llame la atención como visionado artístico. Es un documental donde en casi su totalidad está narrado o conversado entre dos partes (Murmelstein y Lanzmann), hay poco material de archivo e incluso el ritmo decae (cosa bastante normal en una duración tan larga) en algunos tramos.

Para los interesados, encontrarán en el documental interesantes datos sobre el “gueto modelo” de Theresienstadt, cómo se le utilizó para dar “buena imagen” por parte de los nazis y cómo Murmelstein utilizó su posición obligada para hacer todo lo posible por la gente que lo habitaba, pese a que muchos, años después, lo haya tachado de colaboracionista.
Lo mejor es que Murmelstein es un gran narrador, cínico y que no oculta la verdad, dejando algunas perlitas como “Es un gran erudito, pero es caprichoso cuando se trata de ahorcar a alguien” cuando se menciona que Gershom Scholem se opuso a la sentencia del teniente coronel Adolf Eichmann pero sí reclamaba la cabeza de Murmelstein.
Además, inteligentemente, la parte más atractiva de toda la entrevista viene en la parte final, siendo el principio más una introducción necesaria para poner en antecedentes, lo que favorece al buen sabor de boca al terminarla.


El rabino Benjamin Murmelstein fue el último presidente del Judenrat (Consejo Judío) de Theresienstadt. Le filmé a lo largo de toda una semana en Roma, en 1975. El caso Theresienstadt era, a mi entender, capital en el génesis y el desarrollo de la Solución Final. Esas largas horas de entrevistas, ricas en revelaciones de primera mano, no dejaron nunca de atormentarme. Me sabía depositario de algo único, pero me amedrentaba ante las dificultades que planteaba la realización de una película como ésta. Me llevó mucho tiempo rendirme ante la evidencia de que no tenía ningún derecho a guardármelo para mí”.
Estas palabras de Lanzmann resumen muy bien la esencia de El último de los injustos, un documento (otro más de este director) imprescindible para ahondar y comprender mejor este dramático hecho histórico, el horror supone y que, aún a día de hoy, con toda la información que tenemos, no deja de sorprendernos. Además, su estreno será tanto en salas de cine como en plataformas online como Filmin, así no hay excusa alguna para no verlo.

 7/10

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