sábado, 21 de diciembre de 2013

La vida secreta de Walter Mitty. ¿Sueñan los editores con aventuras eléctricas?




El mundo de los sueños siempre ha dado mucho juego. Ese onirismo, el mundo misterioso de los pensamientos, la abstracción, las ensoñaciones nocturnas o diurnas y la fantasía que las recubre ha atraído siempre cierta expectación de los artistas.
Sobre esta evasión de la realidad escribió en 1942 su más celebre cuento James Thurber, La vida secreta de Walter Mitty. Este relato nos contaba como un marido imaginaba una vida más atractiva que la que le había tocado vivir, intercalándose fantasía y realidad, dejando a Walter Mitty a veces muy bien sin diferenciar del todo cuál es cada una.
Este cuento se hizo muy popular en Estados Unidos, incluso se llegó a adoptar el término “síndrome de Walter Mitty” para hablar de aquellas personas que suelen fantasear a menudo o adentrarse “en los mundos de Yupi” que diríamos los españoles.
Este cuento ya tuvo su adaptación cinematográfica en 1947 protagonizada por Virginia Mayo y Danny Kaye, un popular cómico de los años 40/50/60.

Ahora, un popular cómico de nuestra era como es Ben Stiller, es el encargado de adaptar esta historia a nuestros tiempos, además, por partida doble: dirigiendo y actuando.
Nuestro Walter Mitty del siglo XXI trabaja como editor de negativos fotográficos para la revista Life, pero recientemente la empresa ha decidido adaptarse a los nuevos tiempos, trasladando sus funciones al mundo cibernético, por lo que la siguiente revista será la última que se imprima en papel. Para ello se le encarga a Walter Mitty el negativo nº 25 del último envío del ilustre fotógrafo Sean O'Connell, pero para su desgracia el negativo ha desaparecido. Así, deberá hacer frente a un despido inminente, una fantasía que le consume su timorata vida real y la aparición de una nueva compañera que aflorará sus sentimientos mientras encuentra la manera de localizar al misterioso fotógrafo para dar con el negativo.


Esta contextualización entre “lo clásico” (el negativo fotográfico, el papel) frente a “lo moderno” (la digitalización, las redes sociales) sirve perfectamente para hacer paralelismos entre la lucha interna de Walter Mitty, donde se representa lo que querría ser o desearía que fuera su vida, y la realidad en la que vive. Realmente sus fantasías no representan carencias, ya que él, como demostrará a lo largo de la película, si tiene el valor y atrevimiento necesario para llenar su vida de aventuras, pero necesita exteriorizarlo para aprender a disfrutar su vida y no encerrarse en sus pensamientos.
Esto, dentro de la película, da lugar a escenas impactantes y visualmente logradas donde es capaz de saltar desde un puente, entrar por la ventana de un edificio en llamas y rescatar un gato, sin despeinarse en absoluto.
La presencia de la nueva empleada Cheryl (Kristen Wiig, que se dio a conocer en el Saturday Night Live en América y aquí nos suene seguramente por su papel en La boda de mi mejor amiga) será la chispa necesaria para enfrentar sus fantasías y volver su vida una emocionante aventura. Bueno, el amor platónico y su madre (la inconísima Shirley MacLaine, muy alejada ya de lo que un día fue...), que le reconducirá en los momentos clave.

Quizás la mayor pega a tan interesante y atractivo proyecto sea que resulta un poco inverosímil este repentino coraje que adquiere el protagonista, aventurándose a viajar a Groenlandia, Islandia o incluso el Himalaya. Esto a veces resulta más increíble que las recurrentes fantasías iniciales de Walter, lo que crea en el espectador una sensación continua de “seguirá soñando, es imposible que Walter haga eso”, lo que hace que al final, el mensaje de autosuperación, muy propio de las producciones de Disney, nos acabe impactando mucho menos de lo que cabría esperar.


Por fortuna, nos encontramos con un producto que, si bien tiene una vertiente cómica y desenfadada muy clara, no recurre a chistes fáciles ni gracias banales de las que suelen abusar las comedias prefabricadas norteamericanas. Aquí Stiller se pone “serio” y nos muestra una faceta más madura, sin renunciar a su sentido del humor particular como ya ha hecho gala en sus otros trabajos como director (Zoolander y Tropic Thunder). Además, meter el tema "Space Oddity" de Bowie (A Mitty lo apodan 'Major Tom') siempre es un acierto.
Una pena que su director y protagonista no haya seguido el camino que dicta Sean Penn (en el papel anecdótico del fotógrafo Sean O'Connoll) cuando dice algo así como que la belleza no busca destacar. Y es que La vida secreta de Walter Mitty, en su afán por llamar la atención a toda costa, bien al principio con las ensoñaciones fantásticas y luego con las aventuras increíbles de Mitty en la realidad, pierde calado en su mensaje final. Eso sí, su entretenida evasión y buenrollismo que despide harán que sus dos horitas parezcan una de las breves “idas de olla” del bueno de Mitty, lo que al parecer les fue suficiente para los críticos norteamericanos (también supongo influidos en que allí el cuento es más popular) para meterla en su lista de la NBR como una de las diez mejores de este 2013

6,75/10

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