viernes, 29 de noviembre de 2013

Mis días felices. Si te jubilas y no sabes qué hacer, búscate un joven que te dé placer.




Hace un poco más de un mes nos llegaba Gloria, la revelación chilena sobre una mujer al borde de entrar en la vejez y sus maneras de afrontarla para ganarle la batalla y no perder la chispa de la vida. Mis días felices no está muy lejos de esta premisa, pero desde luego no está tan acertada en su realización como la película de Sebastián Lelio.


Recién cumplidos los 60 y atrapada en un matrimonio aburrido, la jubilación se le hace muy complicada a Caroline. Ahora solo tiene tiempo libre, sin saber qué hacer con él.
Cuando se acerca a un centro ocupacional, conoce a uno de los instructores y algo en su vida semidormida despierta. De nuevo la pasión le hace reencontrarse consigo misma, pero al mismo tiempo podría destruir todo lo que ha conseguido hasta ahora, incluido a su fiel esposo. Esta será para ella una nueva juventud, sus “días felices”, pero ¿a qué precio se consigue esa felicidad?

Basada en una novela de Fanny Chesnel (Une jeune fille aux cheveux blancs), la misma autora que se inspiraba en las vivencias de su madre, ahora colabora junto a la directora Marion Vernoux en la adaptación a la gran pantalla.
Podría pensarse en un principio que estamos ante otra película sobre el poder seductor de las "maduritas", y en parte así es, aunque las intenciones de la directora no fueran por ese camino.  

Enfocada sobre todo a un sector femenino de mediana edad, con vida ya a sus espaldas,  Fanny Ardant (que es uno de los puntos destacados de la película) da vida a Caroline, esa mujer que recién jubilada, busca encontrar una nueva ocupación para el día a día, una nueva "salsa" que de sabor a su vida. Ahí aparece en escena Julien, interpretado por Laurent Lafitte (quien vimos este año en Incompatibles), un joven de cuarenta años que da clases de informática en el club "Mis días felices", al que recientemente Caroline se ha apuntado. Realmente esta relación no responde al tópico de mujer madura que busca una segunda juventud con jovencito, ya que no hay un amor romántico, Julien es un mujeriego que anda con una cada día e incluso varias si se lo puede permitir, y Caroline no busca una relación a largo plazo, sino que vive el día a día, ni siquiera emular un pasado nostálgico de su juventud.
Completando el triángulo encontramos a Philippe, el marido de Caroline, que no tardará en sospechar que su mujer tiene un amante. Quizás, aunque tenga un perfil atractivo y sugerente, es el personaje menos desarrollado de los tres y se echa en falta más protagonismo suyo, hubiera aportado más chispa e interés al relato.

Con un toque muy francés, sin sobresaltos emocionales ni tensiones dialécticas, la película acierta en llevar el tema sin caer en melodramatismos ni falsas reacciones telenovelescas, pero, en cambio, falla en no crear una mayor fascinación al espectador por su historia ni ofrecer alicientes para que la mente de un espectador medio que ve cine con cierta frecuencia retenga en su memoria detalles de la película al cabo de cierto tiempo. Todo sigue un ritmo tan correcto como convencional, que pasa sin pena ni gloria por la retina.
Quizás eso pasa por limitar el sector a cierto público como decíamos, y los que se encuentran fuera de ese grupo no encuentran en Mis días felices algo que despierte su curiosidad.


Al menos un servidor, enfermo ya de cinefilia en sus venas, se deleita con las referencias cinéfilas que a veces nos llegan en las nuevas propuestas, y Marion Vernoux ha querido sumarse con un guiño a El graduado en un plano que emula al famoso poster de la media de la señora Robinson, que, por otra parte, añade ese toque del poder seductor de las "maduritas" que comentaba anteriormente al personaje de Caroline.
Para el personaje de Julien también se tira de referencias cinéfilas para apuntar datos a la personalidad de su personaje, viendo en la pared de su habitación un poster de la película Les confidences de Sandra, un film erótico de 1973 de Jean-Claude Roy, remarcando ese aire mujeriego y enamorado del género femenino.
Otra referencia, esta ya no sé si evidente o que motivado por el plano de la media ya estaba al acecho, me pareció reconocer un plano trasero de Caroline con un recogido que inmediatamente asocié al de Vértigo de Kim Novak.

En cualquier caso, con o sin referencias, la sensación final que nos deja Mis días felices es de una película simpática pero poco más, que no supone un gran aporte cinematográfico, y que aunque lo más seguro es que no deje su huella en el espectador, por su mensaje sencillo pero eficaz de afrontar la jubilación (y la vejez que se avecina) de una manera positiva y ese plano final en la playa como paisaje rejuvenecedor y desprovisto de prejuicios hacen que se gane el aprobado.

5/10

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