miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los juegos del hambre: En llamas. Edición Redux.


Los futuros distópicos dan mucho juego en la literatura y en el cine. Y si lo mezclamos con algo del estilo Gran hermano más una crítica al poder, tenemos un potencial éxito entre manos. Suzanne Collins alcanzó la fama gracias a su saga literaria de ciencia ficción Los juegos del hambre. Ambientada en el futuro, los ricos representados por el Capitolio, quienes dominan el país, se divierten haciendo sufrir a los pobres de manera extremadamente cruel. Cada año, los doce distritos que rodean el Capitolio están obligados a ofrecer un tributo masculino y otro femenino para participar en los Juegos del Hambre, donde lucharán a muerte ya que sólo puede sobrevivir uno. Además, estos juegos son emitidos en directo por la televisión para disfrute de las clases altas.

La primera entrega cinematográfica de Los juegos del hambre consistía básicamente en lo que hemos contado en el primer párrafo. En ella, Katniss Everdeen se ofrecía voluntaria como tributo en lugar de su hermana pequeña. Lograba sobrevivir a la encarnizante lucha junto a su compañero de distrito, Peeta Mellark. En Los juegos del hambre: En llamas, el Capitolio está explotando la historia de amor de Katniss y Peeta quienes viajan por todos los distritos haciendo el Tour de la Victoria. Katniss nota en esos viajes indicios de una rebelión naciente pero el presidente Snow anuncia la llegada de los 75 Juegos del Hambre (El Vasallaje de los 25, juego especial que se realiza cada 25 años) en el que tendrán que competir por la supervivencia los tributos ganadores de otras ediciones de los juegos.


Esta secuela supone una evolución madurativa en varios niveles respecto a la primera parte. En el apartado de dirección, es más nítido y podemos ver con mayor claridad los avatares en la lucha. Francis Lawrence ha sabido imprimir su huella en este ambicioso proyecto donde el estilo visual (y la calidad en general de todo el apartado técnico) es más llamativo que en la primera entrega. Ahí queda el ejemplo de la fiesta en el Capitolio con todos esos vestidos y looks imposibles o la isla de la arena, tan camaleónica y todos los efectos especiales empleados en ella. En cuanto a la historia en sí, se le nota más madurez en general. Los personajes han crecido emocionalmente y lo demuestran con sus comportamientos más estudiados. Lo importante aquí va a ser ver cómo colaboran y hasta qué punto van a confiar Katniss y Peeta en el resto. Lo peor (y en cierto modo también lo mejor) de En llamas es su carácter de película transitoria. Todo queda preparado de cara a la última y conclusiva entrega dejándote al final con la sensación de 'No puede acabar ahora... ¡¡¡necesito saber más!!!'. Esta sensación se ve acrecentada, además, porque a pesar de durar casi dos horas y media y sin tener un ritmo frenético en ningún momento, En llamas es tan sumamente entretenida, inteligente y disfrutable que el espectador no mirará el reloj ni una sola vez.

Además, también supone una evolución en datos de taquilla y rentabilidad. Los juegos del hambre: En llamas ha conseguido ser la mejor apertura en lo que va de año en España y se ha posicionado número uno en taquilla recaudando más de 4 millones de euros y siendo vista por más de 600.000 espectadores en tan sólo su primer fin de semana, doblando los datos de su predecesora. Un gran éxito para un gran blockbuster.


7/10

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