jueves, 7 de noviembre de 2013

El juego de Ender. Nivel fácil.




La primera novela de la saga de Ender en forma de adaptación fílmica llega esta semana a la cartelera nacional. El libro Orson Scott Card, publicado por primera vez a mediados de los ochenta, consiguió una pronta fama, incluido también el interés por hacerse con sus derechos de explotación cinematográficos. Pero no ha sido hasta ahora cuando el autor ha decidido dar el salto a la gran pantalla produciendo él mismo la película. La primera entrega de esta más que posible futura franquicia cinematográfica, ahora que está tan de moda eso de adaptar saga literarias de corte juvenil y hacerlas rentables, es más seria que sus primas-hermanas (ahí quedan ejemplos como Los juegos del hambre, Crepúsculo o Cazadores de sombras) y, aunque no ahonda en demasía en temas filosóficos, sí que plantea los conflictos morales que supone una guerra y, por qué no, la utilización de niños-soldado. 

Pongámonos en situación. Estamos en el futuro. Hace unos 50 años, unos extraterrestres con forma de insecto atacaron la Tierra. Desde entonces, los terrícolas se preparan para otro posible ataque, por eso el Ejército Internacional se encarga de reclutar y formar a los mejores adolescentes para la guerra, en una especie de entrenamiento militar galáctico.  Uno de esos jóvenes es Ender Wiggin quien tiene todas las papeletas para convertirse en un líder nato y salvar a la humanidad. Y será Ender quien encarne los dilemas morales antes mencionados: qué está bien, qué está mal, si merece la pena una guerra contra una raza alienígena que no ha mostrado signos de violencia en las últimas décadas, si el fin justifica los medios...


Dejando a un lado el trasfondo, El juego de Ender se disfruta como un ejercicio bastante agradable y ameno. Haciendo un símil con los videojuegos, esta película sería de nivel fácil. No explota del todo la vertiente que le hubiera dado más juego – la filosófica – y opta por hacer mayor hincapié en el espectáculo pirotécnico en miras de agradar a un número mayor de espectadores. Encontramos algunos temas interesantes, sobre todo, para los adolescentes -no en vano son el público objetivo- como la madurez emocional del protagonista y su capacidad de empatía. Gavin Hood dirige esta película de forma solvente y parece que ha encontrado su hueco en el cine de ciencia ficción y/o acción, tras ponerse detrás de las cámaras anteriormente en el spin-off de Lobezno. El reparto está plagado de grandes nombres del cine actual quienes, sin destacar, cumplen con su función: Harrison Ford, Viola Davis, Ben Kingsley o Abigail Breslin, entre otros.

La principal pega llega de la mano del joven protagonista Asa Butterfield. Al personaje de Ender, con él, le falta empaque, fuerza, para ser tomado en serio como un líder fuerte. Digamos que nos resulta poco carismático para este tipo de papeles. Y a pesar de eso, El juego de Ender es lo suficientemente entretenida para que sus casi dos horas se pasen volando. Incluso demasiado rápido si tenemos en cuenta su falso clímax que a más de uno dejará con cara de “¿ya está?”.

6'5/10

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