martes, 7 de mayo de 2013

Rebelde (War Witch): Gallo blanco, negra guerra





Los Oscars hace tiempo que ya nos dieron nuestra dosis anual necesaria de premios y premiados, pero a las carteleras españolas aún nos llegan películas de aquella 85ª gala.
Este es el caso de Rebelde, la película del canadiense Kim Nguyen, que consiguió colarse entre los cinco candidatos a mejor película de habla no inglesa.
Nguyen ya tenía en su haber otras tres películas, pero es con Rebelde con la que ha conseguido darse a conocer al mundo, siendo premiada en festivales como el Tribeca Film Festival, el Círculo de Críticos de Vancouver, el Canadian Screen Awards, Sitges o Berlín, aparte de multitudinarias nominaciones en otros tantos.

Este drama bélico nos cuenta la historia de Komona, una joven de doce años que vive en el África subsahariana, donde un ejército rebelde la secuestra y obliga a matar a sus padres, convirtiéndola en una niña soldado, justo a otros niños y niñas de su edad.
La película se presenta cruda, sin concesiones ni artificios, pero tampoco es un plato que se atragante en su escabroso relato, pues sabe dosificarse con lirismo y toques humanitarios lo suficiente como para que incluso veamos un toque positivo dentro de tanta inmundicia.

Nguyen juega muy bien con los pocos medios a su alcance y los explota sabiamente, como se puede observar, por ejemplo, en su banda sonora, haciendo una inquietante canción con el chirrido de una vieja puerta de metal.
Guerra y amor, remordimientos e infancias rotas, todo se mezcla en la película, dejando detalles para el recuerdo como la búsqueda de ese gallo blanco, o un inocente juego entre niños guerreros, uno de los pocos atisbos de inocencia en estos niños que son enseñados a que su único padre y madre es el arma que llevan consigo.


Vista fríamente podría parecer otra película denuncia de niños en la guerra, pero Rebelde no quiere caer en sentimentalismos baratos, y quizás sea ese el mayor logro de la película, resultar veraz, cruda, honesta pero a la vez con un toque humano que nos la hace cercana sin ser melodramática, ayudado en gran parte por la buena interpretación de Rachel Rwanza en el papel de Komona.

Una buena apuesta, cercana al estilo de Bestias del sur salvaje, pero a la vez distinta completamente en temática. Quizás no llegue a conmover como debiera, pero sin duda tiene las aptitudes necesarias para decir que merece la pena su visionado.

7/10

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