martes, 14 de mayo de 2013

Kauwboy: Aprendiendo a volar




El debut en el largometraje de Boudewijn Koole ha conseguido conquistar a la crítica de varios países, siendo elegida por su país para representarlo en los Oscars, aunque no llegó a entrar en la preselección final. Antes de Kauwboy, Koole había trabajado en mediometrajes, alguno incluso para la televisión holandesa, pero aquí hace su debut en el largometraje, contándonos la historia de Jojo, un niño de diez años falto de cariño paterno, ya que su madre al parecer se encuentra de gira con su grupo country, mientras que su padre, poco afectivo, se encuentra afectado por la situación y con frecuentes arrebatos agresivo-depresivos. Para combatir esta carencia, Jojo se escuda en el waterpolo, donde recientemente se ha apuntado Yenthe, una niña con la que hace buenas migas. Aparte, Jojo encuentra una cría de grajo y decide cuidarla.

Con la sencillez que suele caracterizar las óperas primas, Koole se entrega de lleno al personaje de Jojo y su relación con el grajo (al que llama Jack), mientras vamos conociendo poco a poco los detalles de su situación familiar y su amistad con Yenthe. No existen alardes de guión, de hecho la historia puede ser un tanto previsible cuando llega a cierto punto, pero lo interesante aquí son los momentos, el mimo con el que se presentan y la buena acompañación musical de Helge Slikker, basado en las canciones de la madre de Jojo.


En realidad, la relación entre Jojo y Jack guarda cierto simbolismo con la historia de su madre, como se irá descubriendo al avanzar en la trama, una pena que el personaje del padre de Jojo no se sienta todo lo cercano que el de su hijo, pues habría aportado solidez a la historia y mayores perspectivas de la situación.

Kauwboy reúne en su conjunto lo mejor y lo peor del cine minoritario, de pocas pretensiones pero intenso de emociones. Los detalles a los pequeños gestos y emociones, un personaje central simpático al que se coge cariño, bella fotografía y música que acompañan la historia perfectamente, pero también una historia con algunos flecos no del todo satisfactoriamente rematados, que mirada fríamente queda en poca cosa, y algún personaje que daba para más de sí.

Ganadora de dos premios del cine Europeo, entre otros festivales minoritarios, es de ese tipo de películas que conquista más por las emociones que por las virtudes técnicas de la película en sí, que no es que no existan, pero no destacan por encima de la historia, sino que se supeditan a ella.
En resumen queda una buena película agradable y cercana, sencilla y disfrutable al nivel que se propone, para aquellos que gustan del cine “pequeño”, con las virtudes y defectos que conlleva.

6/10

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