jueves, 2 de mayo de 2013

7 Cajas: El hombre del carrito

7 CAJAS



Los paraguayos deben sentirse orgullosos de 7 Cajas.
No sólo es que con sus 300.000 espectadores nacionales se haya convertido en la película más taquillera de la historia de su país, es que se han abierto camino al difícil mercado internacional, ganando en notorios festivales como San Sebastián (premio de la juventud y premio cine en construcción), Palm Springs (New Voices), Mar de Plata (SICA), entre otros, aparte de la nominación a los Goya en el apartado iberoamericano.
Cierto es que aún queda un largo camino por recorrer a la industria cinematográfica paraguaya, pero Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori han colocado de forma contundente la primera piedra del sendero.

Y ojo, 7 Cajas no es sólo motivo de celebración para sus compatriotas, ya que supone un aire fresco para el thriller de acción a nivel general, una buena apuesta por sacar partido de los pocos medios disponibles, sin que esto se note en absoluto en pantalla y, pese a lo que pueda parecer en un principio leyendo el argumento, no llega nunca a hacerse pesada ni repetitiva.
Tampoco quiero decir con esto que sea un alarde de una historia novedosa, sorpresiva o demasiado elaborada, más bien todo lo contrario. De hecho, el título de una de las famosas obra de Hiroshi Inagaki, El hombre del carrito, sin tener que ver nada en absoluto con la película japonesa, podría hacer de resumen simplista


De forma más explayada, narra la historia de Víctor, un joven carretillero del mercado 4 de Asunción, que obsesionado con las nuevas tecnologías, quiere hacerse con un móvil con video a toda costa (en su ingenuidad, quiere formar parte de las fantásticas aventuras de las películas, y cree que de esta forma estará más cerca), pero supone demasiado dinero en una sociedad bastante pobre como la suya. Un día, de forma inesperada, le surge la oportunidad de un encargo misterioso: transportar 7 cajas a cambio de 100 dólares, que al cambio, son unos 400,000 guaraníes (la moneda oficial paraguaya), suficiente para complacer su capricho.
Pero, lo que parece al principio un sencillo trabajo, porque se convertirá en una peligrosa misión donde siquiera sabe lo que está transportando...

Como decía, la historia no es el plato fuerte, sino el guión bien trabajado que hace de una sencilla historia y pocos medios (un carretillero, 7 cajas y un mercado) una trepidante historia, sin escenas de relleno, siempre al grano, en tensión y explotando en un clímax a la altura de lo esperado. Con esto no digo que no haya alguna escena surrealista (hablando del sentido común), como que la gente que persigue a Víctor vaya todo el rato con carretillas, en vez de ir corriendo sin nada, más ágil, sino que dentro de los sucesos que acontecen la película, todo tiene su sentido, un hecho lleva a otro y no hay agujeros en la trama, la tensión va en aumento hasta el clímax y se resuelve convincentemente. A eso me refiero con un guión bien trabajado.

Los personajes quizás podrían haberse trabajado más (sobre todo el personaje de Luis, interpretado por Nico García puede que sí esté un tanto caricaturizado en exceso), pero cumplen lo suficiente dentro del rol, ya que no hablamos de una película de personajes sino que se centra en el suspense y el ritmo ágil, apoyado acertadamente por, por fin, escenas de persecuciones bien filmadas que no desafían a la visión del espectador para entender lo que sucede y captar todos los detalles, sin perder por ello intensidad en lo contado. Un ejemplo a seguir para las películas del género, logrando en su conjunto una película interesante y emocionante, más que la mitad de producciones americanas del género.


Algo muy criticado dentro de Paraguay ha sido el uso de los dos idiomas oficiales: el español y el guaraní (imprescindible la VOS para entenderla, pese a lo que pueda parecer viniendo de un país latinoamericano), ya que parece ser que el guaraní que se habla en la película queda un tanto forzado y poco creíble. Evidentemente para el público español esto no es valorable, pero, aunque siempre se agradezcan diálogos trabajados en vez de los prefabricados, en este tipo de películas, estos aspectos quedan relegados a un segundo plano, siempre que funcione en su aspecto fundamental: entretener y mantener la tensión buscada. Y en eso cumple sobradamente.

Musicalmente hablando, el monotema cumple con su cometido, quizá un par de temas más para no sonar repetitivo hubieran ido mejor, pero tampoco destaca negativamente en este apartado.
También interesante, aunque a nivel más secundario, el trasfondo que se sonsaca entre las nuevas tecnologías y el nivel de pobreza del país, donde el antagonista, Nelson, realmente solo responde a la necesidad de conseguir dinero para pagar los medicamentos necesarios a su hijo.

Por todo esto, 7 Cajas es una película a tener en cuenta.
Savia nueva, con nervio y garra desde el primer minuto, para sacar lo mejor de un género perdido muchas veces en explotar en lado visual con efectos especiales pero olvidando que casi siempre menos es más, y que un guión bien cohesionado y con cuatro elementos bien conjugados se puede sacar una producción notable, como nos han demostrado Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori.

7/10

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