viernes, 22 de febrero de 2013

Spring Breakers: La última tentación de Britney Spears



La cinta de Harmony Korine (Gummo) llega precedida de la controversia. Adorada y odiada casi a partes iguales, Spring Breakers quiere erigirse como la revelación absoluta, quitar vendas de los ojos y mostrar el verdadero sueño americano del siglo XXI, la pena es que tiene que conformarse con ser el “manual teen malote y carente de ideas para dummies”.
Spring Breakers cae en el saco de los proyectos (generalmente ambiciosos) que surgieron como ideas interesantes, pero que no se vieron cumplidas exitosamente en la gran pantalla. Y eso bien podría ser porque Harmony se gusta demasiado a sí mismo, siendo incapaz de contenerse, reiterando ideas e imágenes cayendo en el espectáculo videoclipero muchas veces, aquejando un tono irregular, pasado de rosca, con personajes vacíos y caricaturizados, voces en off cargantes y una falta de sarcasmo y mordacidad en un proyecto que contiene chispas de ingenio en muy contadas ocasiones.
Por ahí se habla de las buenas actuaciones de Selena (llamada Faith en la película, supongo, para algún intento de trasfondo), Vanessa o James Franco, pero si no hay vida en sus personajes ya desde la construcción de ellos en el guión, por mucho que se esfuercen, no puede llegarme su actuación. Un pelele vistoso, una(s) pechuga(s) sin salsa ni patatas.

Pasar de las ideas interesantes a un resultado a medio gas es algo frustrante, sobre todo tras apreciar la calidad de Harmony en escenas como el travelling del atraco o, lo mejor de la cinta, el momento Britney Spears al piano, estacazo en toda regla a toda una generación en un par de minutos. De haber seguido estos pasos estaríamos hablando de quizás una joya irreverente sobre las carencias de una generación perdida de ideales, que se refugia en el sexo, las drogas y la ambición económica como propósitos de subsistencia ante la ley de la selva que impera en la sociedad. Pero me niego a encumbrar una película simplemente por poner una pose pero que en realidad está vacía, donde requiere de una voz en off de encefalograma plano para sacar a flote su falta de ritmo, donde se quiere revestir un videoclip de Skrillex como cine independiente. Supongo que no habría que tomársela muy en serio, pero si tampoco me hace gracia... ¿Cómo hay que tomársela? El final ya es de órdago, pero no me queda claro aún si es así de irrisorio aposta o se le fue la pinza del todo a Harmony.

¿Discurso o panfleto generacional?
Ideas de lo primero pero resultados, por desgracia, de lo segundo.


5/10

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